31 de diciembre 2003 - 00:00
Bertolucci: "Muchos viven el '68 como una maldición"
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Periodista: Jean Cocteau definió a Henri Langlois como «el dragón que guarda nuestros tesoros». ¿Qué opinión tiene de él?
Bernardo Bertolucci: Fue un hombre complejo y fascinante. Y a muchos nos convirtió en miembros de la masonería de los fanáticos del cine. Era un hombre curioso porque, al contrario de otros colegas y archivadores de la memoria cinematográfica, prefería enseñar y difundir películas en vez de preservarlas de forma reverencial. Fue una personalidad caótica pero amada y respetada para mí, y aunque se trata de un episodio relegado al olvido, creo firmemente que su cese fue el que puso en movimiento las protestas que cristalizaron en mayo. Recuerdo la indignación de Jean Renoir, JeanLuc Godard y Roland Barthes, quienes lucharon a su favor. Pero sobre todo lo recuerdo como el hombre que proyectaba por igual películas de Nicholas Ray, westerns de dudosa calidad, comedias triviales y musicales.
P.: «Soñadores» se basa en la novela «The Holy Innocents», del británico Gilbert Adair, y sin embargo es una película muy autobiográfica.
B.B.: Porque hay una identificación total entre los dos referentes a la utopía, el erotismo, la pasión y la revolución. Adair vivió el mayo del '68 en París y la novela levanta testimonio de las experiencias que él mismo vivió allí. Yo estaba en aquel momento filmando en Roma y no soy testigo de primera fila de los sucesos parisienses pero me reconozco un hijo natural de aquellos tiempos y de sus consecuencias. Cuando leí el libro, me sentí muy cercano, al igual que cuando descubrí «Les enfants
terribles» de Jean Cocteau, una sensación muy similar. Hacer esta película ha sido un proceso tan natural que casi lo definiría como biológico.
B.B.: No, en absoluto, y ésta ha sido una de las razones que me han impulsado a hacer esta película. El éxito de mayo del '68 fue sobre todo un fenómeno social que venció a las individualidades de aquel tiempo y que son la carta de naturaleza de nuestros días. No cambió nada en la política de forma inmediata, pero el mundo y sus costumbres han sido capaces de cambiar desde entonces. Se revigorizó la revolución sexual y se lanzó definitiva e irreversiblemente el movimiento del feminismo. El mundo actual sólo se comprende desde las consecuencias de aquellos hechos.
P.: ¿Y por qué cree que ha caído en el olvido?
B.B.: Es una falta de los padres y, aunque no lo soy, he querido en parte recuperar los daños que esta negligencia ha causado. Me explico: no he querido hacer una película histórica, testimonial o de época. Mi intención ha sido recuperar del olvido el espíritu que reinó en aquella época. Y, sobre todo, que las generaciones jóvenes lo conocieran. Los protagonistas de aquellos hechos o los padres de los jóvenes de hoy no cuentan nada de aquello, parece como si trataran de silenciar una especie de maldición.
P.: ¿Por qué cree que esta película levanta tanta polémica en EE.UU.?
B.B.: Parece ser que no pueden aceptar ver el cuerpo humano, lo cual es grotesco. Si Isabelle y Théo ejercieran cualquier tipo de violencia sobre Matthew, nos darían permiso de exhibición restringida. Si sólo mostramos cómo disfrutan del sexo y de sus cuerpos, hay un problema. No sé, a veces pienso sarcásticamente que quizá la película mutilada sea mejor que la original. Quién sabe.
P.: ¿Cómo decidió rodar las muy gráficas escenas de sexo?
B.B.:Al preparar la producción, dejamos conscientemente estas escenas para las últimas jornadas. Eva, una mujer tan bella que casi debería estar prohibida, me ha contado después que aunque su madre estaba preocupada porque Maria Schneider quedó traumada después de «Ultimo tango en París», ella se sintió como una niña jugando. Es una película que debo a la generosidad de estos tres actores.




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