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Las alrededor de 7000 personas que visitan la exposición diariamente, hasta altas horas de la noche, observan las bellas imágenes que se exhiben en las pantallas con una actitud que no difiere en nada de la del público que asiste a los museos.
Es evidente que la pulcritud del montaje y el interés que suscitan las fotografías, determina en gran medida el gesto respetuoso de la gente. Pero, además, la exposición cambió de modo radical el turbio aspecto de una plaza degradada que, como tantas otras de la ciudad, se vuelve intransitable durante la noche.
Nuestros fotógrafos, con una extensa tradición de figuras talentosas en el género y una abundante producción actual, coinciden todos al elogiar el hecho de haber plantado las imágenes en la calle; aprecian la difusión masiva de una disciplina que hasta hace una década no figuraba en las colecciones de arte y su mercado era prácticamente inexistente pues permanecía en un círculo áulico.
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