Se trata de un inmigrante boliviano, empleado en un bar-restaurant de mala muerte, una moza paraguaya, el jefe de ambos, que los manda al frente (destacable labor de medios tonos de El tema es interesante, hasta contundente, y lo mejor es que solo está dicho a través de actitudes cotidianas, de charlas circunstanciales, sin el menor discurso ni moraleja. Basta con la pintura de personajes, la descripción de comportamientos «naturales», como la aflicción por la entrega de un auto, o inconscientemente simbólicos. Por ejemplo, el boliviano que se pone en la puerta del negocio, como si fuera el dueño del lugar, desalojando a los borrachos que lo ensucian -un gesto que puede ser trágico-.
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