Los pas de deux de «Don Quijote» y «Espartaco», y «Tango Vertiginoso» de Mora Godoy (a
cargo del Ballet del Mercosur) son lo mejor del programa protagonizado por Maximiliano
Guerra y Karina Olmedo.
Maximiliano Guerra, Karina Olmedo y el Ballet del Mercosur. Dir.: M. Guerra. Obras de Petipa, Berto, Grigorovich y Godoy. (Teatro Coliseo. Repite el 10/9 en el Teatro Argentino de La Plata.)
" Nuova Harmonia" presentó en una nueva fecha de su ciclo de abono al Ballet del Mercosur, con actuación de su director general, Maximiliano Guerra. Como artista invitada participa la primera bailarina del Teatro Colón, Karina Olmedo. La pareja abrió la función con una briosa interpretación del conocido «Grand pas-de-deux» de «Don Quijote», de Petipa con música de Minkus.
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Tratándose de una pieza de amplio lucimiento de los protagonistas, pareció indicado para el arranque de un programa que incluyó «Espartaco», otro virtuosístico dúo de lenguaje académico, creado por el coreógrafo ruso Yuri Grigorovich sobre música del compositor armenio Aram Khachaturian. Ambos artistas se mostraron consustanciados con la alegre expansión romántica de «Don Quijote» y con la apasionada expresión de «Espartaco», y brindaron performances de amplio registro técnico que completaron con elegancia y dinámica en el primero y con vigoroso dramatismo para el segundo.
Fue lo mejor de la noche, que tuvo su momento de alto rendimiento también en la puesta de «Tango vertiginoso» un diseño de Mora Godoy sobre partituras de varios músicos, entre ellos Astor Piazzolla. En esta obra de lenguaje tanguero con algunas contribuciones de la danza clásica, se pudo apreciar la energía juvenil y la disciplina del Ballet del Mercosur. Acompañado por bailarines muy competentes, Guerra centralizó la atención con sus saltos y sus desplazamientos acrobáticos que ya son legendarios para el ballet argentino.
Menor valor tuvieron, en cambio, las dos obras del brasileño Sergio Berto incluidas en el recital. La panfletaria «Exilio» sobre un tema recurrente de los realizadores latinoamericanos, impresionó como una propuesta superficial del tema con una coreografía elemental sobre canciones de varios compositores populares del Brasil, proyecciones de imágenes bastante ramplonas de dólares con cadenas, banderas argentinas y brasileñas superpuestas y textos biográficos del mismo Berto (la autorreferencia parece haber sido central en la construcción de este ballet). Un dúo que pareció un desprendimiento de «Exilio» completó la participación de Berto como coreógrafo en esta Gala que tuvo sus picos de brillo en el baile de Olmedo y Guerra y en la potente creación de Mora Godoy.
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