7 de noviembre 2006 - 00:00

Buen tributo a un maestro

«De Piazzolla y Ferrer». Amelita Baltar, José Angel Trelles, Horacio Ferrer, Néstor Marconi y Orq. Filarmónica de Bs. As., Dir.: José Carli. (Luna Park, 3 y 4 de noviembre).

Cada compositor tiene su «instrumento» (léase formación instrumental) de cabecera. Y el de Astor Piazzolla fue, sin ninguna duda, el quinteto. Por supuesto que nadie puede olvidar las obras maestras que escribió y arregló para aquel glorioso octeto, para el noneto, para orquesta típica o para orquesta sinfónica. Pero era en el lenguaje camarístico, en el desarrollo solista de sus músicos, en la economía de recursos -con o sin cantante- que Piazzolla dejó una huella no superada en la música popular argentina.

Con todo, fue un merecido y muy valioso homenaje el que le hicieron algunos de sus viejos compañeros de aventuras musicales: Amelita Baltar, José Angel Trelles y su coequiper poético Horacio Ferrer, más el arreglador y director José Carli, el bandoneonista Néstor Marconi y la Filarmónica. Armaron un repertorio con piezas muy conocidas, en el que convivieron las orquestaciones sinfónicas del propio Astor (en varios números de la operita «María de Buenos Aires» y en «Oblivion»), del cellista José Bragato («Adiós Nonino») y de Carli.

El concierto, que por cierto, convocó a menos público del que hubiera merecido, tuvo mucho de ceremonia. Trelles y Baltar, muy acostumbrados a estas canciones, mostraron sin embargo una emoción especial al interpretar clásicos como «Chiquilín de Bachín», «Balada para mi muerte» y « Balada para un loco» (Amelita) o «El gordo triste», «Bocha» y «Mi loco bandoneón» (Trelles). Horacio Ferrer puso su recitado en algunas de las piezas que escribiera con Piazzolla («Preludio para el año 3001», «María de Buenos Aires»); Marconi se lució especialmente en sus participación de «Tanti anni prima», y Carli llegó a la cumbre de su sapiencia como orquestador y director con una imponente y original versión de «Fuga y misterio».

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