25 de febrero 2026 - 13:40

"Buenas palabras": un actor frente al abismo del texto y la memoria

Arturo Puig, dirigido por Rita Terranova, hilvana cartas apasionadas, clásicos literarios y anécdotas personales en un espectáculo que privilegia la intimidad

Arturo Puig, en su regreso a escena, en Buenas palabras en el Teatro San Martín.

Arturo Puig, en su regreso a escena, en "Buenas palabras" en el Teatro San Martín.

El unipersonal de lectura escénica, tan frecuente en el circuito off-Broadway de Nueva York, en Madrid, Londres o en los teatros de cámara de París, tiene algo de ceremonia que se aleja de lo puramente teatral para avanzar en lo interpersonal: un actor, un conjunto de textos, la respiración y la memoria compartidas.

Basta pensar en los prolongados one-man (o woman) shows que sostienen salas madrileñas o en espacios parisienses como Le Point Virgule, donde el actor solo frente al público es casi una tradición. Ese formato, a medio camino entre la confesión y el recital literario, encuentra en “Buenas palabras”, en la sala Cunill Cabanellas del Teatro General San Martín, una versión depurada y cálida. La proximidad física crea un clima de intimidad poco frecuente en salas mayores: aquí no hay cuarta pared, hay interlocutores.

Arturo Puig, solo en escena, le habla directamente al público. Lo hace con esa mezcla de elegancia y llaneza que lo acompañó desde sus años de galán televisivo hasta su madurez teatral. En su caso, la comunicación es aun mayor: no sólo el espectáculo significa su regreso a escena, sino que es la primera vez que lo hace después de la muerte de su mujer, Selva Alemán, y en el mismo complejo teatral donde actuó, con ella por última vez.

Los textos y los sentimientos, aunque ajenos, se vuelven propios: así lo siente el espectador, a quien se dirige durante la mayor parte de la obra. La dirección, precisa, sobria, imaginativa, de Rita Terranova no sólo ordena el material sino que lo dinamiza, aprovecha cada rincón del espacio escénico y construye un recorrido emocional que evita el estatismo inherente al género. Terranova, además, firma la selección de textos: y esa curaduría es, en sí misma, un gesto autoral.

El abanico es amplio y deliberadamente heterogéneo. Hay poemas de Fernando Pessoa y de Felipe León; la célebre carta de Ludwig van Beethoven a su “amada inmortal”, donde el genio deja ver la vulnerabilidad del hombre; la desgarradora despedida de Richard Burton a Elizabeth Taylor, escrita poco antes de morir él; y la famosa carta de Ingrid Bergman a Roberto Rossellini, en la que se ofrece para trabajar bajo sus órdenes mientras confiesa que, en italiano, sólo sabe decir “Ti amo”.

La literatura tiene su lugar con fragmentos de “La vida es sueño”, de Calderón de la Barca; con páginas de Almafuerte, de “Corazón”, de Edmundo de Amicis; y con el monólogo de James Tyrone en “Largo viaje de un día hacia la noche”, de Eugene O'Neill, donde el personaje lamenta haberse “arruinado” al abandonar el teatro serio por el comercial. Justamente, fue esta obra la última que representó junto con su mujer en la Sala Casacuberta, algunos pisos más arriba en el mismo teatro. Hay también una variación de “Reír llorando”, de Juan de Dios Peza, sobre la tristeza del actor David Garrick, y el tango “Gricel”, con letra de Jose Maria Contursi, que introduce una nota de melancolía porteña, casi susurrada.

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Rita Terranova, directora, y Arturo Puig, intérprete, al final del espectáculo

Rita Terranova, directora, y Arturo Puig, intérprete, al final del espectáculo "Buenas palabras"

Uno de los momentos de mayor imaginativa teatral llega con un golpe de efecto; Puig se interna en dos breves cuentos de fantasmas tomados de la “Antología de la literatura fantástica”, compilada por Jorge Luis Borges, Adolfo Bioy Casares y Silvina Ocampo. El clima cambia; el público no sabe si lo que está ocurriendo —que no se contará aquí— es real o no, y queda suspendido en un silencio expectante.

Pero “Buenas palabras” no es sólo literatura. Puig intercala anécdotas de su etapa de galán de telenovelas, en especial una vivida en la violenta Nueva York de los años 70 junto a Gino Renni, cuando les tocó pasar al lado de una banda de pandilleros. El relato, dicho con timing de comediante clásico, distiende y refuerza el diálogo con la platea.

El cierre es alto y deliberadamente político: el discurso final de “El gran dictador”, de Charles Chaplin. En tiempos de cinismo y ruido, esa arenga humanista —“más que máquinas necesitamos humanidad”— suena menos a cita célebre que a llamado urgente. Puig no declama: conversa con los textos, y al hacerlo habla de sí mismo. Y en esa conversación, el público se reconoce.

“Buenas palabras” confirma que el teatro, cuando se reduce a lo esencial —un actor y un texto—, puede ser un acto de fe. Rita Terranova lo organiza; Arturo Puig pone el cuerpo y la memoria. Lo demás lo completamos nosotros.

Dirección: Rita Terranova. Intérprete: Arturo Puig. Escenografía y Vestuario: Graciela Galán. Iluminación: Jorge Pastorino. Música y sonido: Martín Bianchedi. Sala Cunill Cabanellas del Teatro San Martín. De miércoles a domingos a las 19.30.

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