El irlandés Jonathan Swift sentenció: “todo es por comparación”, y lo confirmó con su novela “Los viajes de Gulliver”. Frente a la cursilería del “toda comparación es odiosa” surge la conciencia de que, por el contrario, es aleccionadora. Un buen ejemplo se da al leer “Morir en las grandes pestes”, donde el historiador Maximiliano Fiquepron estudia las epidemias de cólera y fiebre amarilla que asolaron la ciudad de Buenos Aires a fines del siglo XIX. Inevitablemente se relaciona lo sucedido en el pasado con lo que ocurre hoy con el covid-19. Fiquepron comienza con una lectura del extraordinario cuadro de Blanes, “Un episodio de la fiebre amarilla en Buenos Aires” (1871), donde aparecen los heroicos médicos Roque Pérez y Manuel Argerich, quien moriría combatiendo la epidemia. A partir de allí abre un panorama de la diferencia social: el hacinamiento de los conventillos frente al éxodo a la zona norte de los pudientes, y señala las diversas representaciones que se hicieron de la crítica situación sanitaria. Manifestaciones que no dejaron de ser usadas por quienes buscaban réditos políticos opositores. Frente a eso se señala que “las epidemias obraron como un vector de institucionalización de políticas de Estado en torno a la salud, la prevención y forjaron una legislación que perduró hasta nuestros días”.

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