Creciendo a base de pequeñas anécdotas, la película habla acerca del bien que se brinda de corazón, aun cuando el otro sea un desagradecido que responde con puras agresiones. De hecho, unas cuantas abuelas modernas se saldrán de sus casillas ante la pasividad con que la anciana del cuento soporta los caprichos del nieto, y al calificar a este energúmeno hasta pueden imaginar el oficio de la madre, una muchacha que aparece al comienzo, de tacos altos en pleno monte, sólo para dejar al chico y volverse a la capital. Pero es gracias al amor y la paciencia que el chico termina apreciando a la viejita y busca retribuirle algo, de algún modo.
Así, aunque algunos la vean como una exageración de la famosa paciencia oriental, la película se aprecia mucho mejor como entretenido cuento moral para niños, sencilla fábula de la virtud, e incluso sentido elogio de la vida campesina, algo que el chico empieza a descubrir recién cuando se le acaban las pilas del videogame. Por su parte,
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