14 de enero 2004 - 00:00

Cáustico estudio profundiza las raíces del stalinismo

Cáustico estudio profundiza las raíces del stalinismo
"¿Cómo demonios podía vivir la gente en el infiernode Stalin?", se pregunta el escritor ruso Lijodéev, y se contesta con decepción: «Pero lo hacía. Trabajaba, construía diques y fábricas, cantaba canciones, danzaba, celebraba festividades nacionales, se moría de hambre, languidecía tras el alambre de púa, y elogiaba a Stalin, incluso frente al pelotón de fusilamiento. La vida continuaba. Algunos ejecutaban a los campesinos, otros exigían sentencias de muerte para los 'enemigos del pueblo', y otros incluso se autocensuraban porque no alcanzaban a entender la grandeza de las ideas de Stalin. ¿Por qué vivían así?». La cita, una radiografía del universo soviético, es anotada por Walter Laqueur en su libro «Stalin. La estrategia del terror», que Ediciones B acaba de publicar en la Argentina.

Walter Laqueur
es Director del Consejo de Investigaciones del Centro de Estudios Estratégicos Internacionales de Washington, primer director de la revista «Survey» (pionera en el estudio del universo soviético) y valorado internacionalmente por su estudio «Una historia del terrorismo» (Paidós). Ahora examina desde una nueva perspectiva a Stalin, el dictador comunista -»uno de los hombres más perversos que jamás vivió».

•Optica

Laqueur investiga el origen del stalinismo, las circunstancias que permitieron su desarrollo y las tácticas sangrientas que empleó para conservar el poder. Entre las medidas que le permitieron establecerse en la política mundial durante décadas estuvieron la reforma agraria (con eliminación física de campesinos), el culto de la personalidad, las purgas y los falsos procesos; la presencia ubicua de delatores, el dominio burocrático arbitrario, la sofocante opresión cultural, el temor general, la hostilidad entre nacionalidades y un no suficientemente difundido antisemitismo.

«Stalin tenía el toque de Midas: sus logros parecieron enormes, pero sólo en aquel momento histórico. Con el paso de los años, comenzó a parecer que el oro era escoria, que Rusia se parecía más a una prisión gigantesca que a un palacio de la cultura y el ocio»,
señala Liqueur. Y recuerda lo ocurrido con el reparto de la ingenuamente « didáctica» película «Tsirk», historia de una artista de circo norteamericana, madre soltera de un niño negro, que en Estados Unidos es condenada al ostracismo y teme en la URSS recibir el mismo trato, pero allí todo el mundo se muestra manifiestamente bondadoso con ella y con el niño.

En el film el actor judío Solomon Mijóels canta en yiddish (cosa que no gustó a Stalin) «Mi amado hijito negro», y la película concluye con una apoteosis, la manifestación del Primero de Mayo en la Plaza Roja, con grandes imágenes de Stalin flotando al viento. La moraleja es: «En el mundo no hay otro país donde la gente respire tan libre».

Todavía hoy en Rusia se usa esa frase irónicamente para señalar la mendacidad del régimen stalinista. Poco después del estreno del film, el cantante Mijóels fue declarado « enemigo del pueblo» y asesinado por la policía secreta en una calle oscura de Minsk.

•Fracaso

«Stalin», señala Liqueur, «fracasó juzgado por sus propios parámetros. Su objetivo principal fue conducir a su pueblo al comunismo según él lo entendía, y estaba convencido de que sólo él poseía el saber y la decisión para guiar el rebaño. En la actualidad, todas las variedades del comunismo están desacreditadas; se han convertido en sinónimo de servidumbre e inhumanidad. Stalin ha contribuido al descrédito de la ideología en la que él creía más que los libros y los discursos de los anticomunistas de todo el planeta».

En pocas líneas esboza -«aunque su personalidad continuó siendo un enigma»- un retrato. «Había una veta de locura, sobre todo de paranoia, en su estructura mental, y ese rasgo se agravó progresivamente con la edad. Pero en su carácter también había una suma de crueldad y mitomanía, y es difícil definir con certidumbre la línea divisoria entre el cálculo racional, la perversidad y la locura, de allí su parentesco con Hitler. El genio de Stalin, si lo tuvo, consistió en lograr que pareciera que él no tenía alternativas. Su siniestra personalidad tenía raíces políticas, sociales e intelectuales, y no es posible entenderlo sin tomar en cuenta sus nexos con el marxismo leninismo». Hacia el final, antes de ofrecer «Nueva luz sobre los procesos de Moscú», «¿Cuánto tiempo continuarán preocupándonos Stalin y el stalinismo? La respuesta es sin duda: hasta que desaparezcan los últimos rasgos».

Máximo Soto

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