Imagen de
«Rapsodia»,
lo más
atractivo del
nuevo
programa del
Ballet Estable
del Colón, que
no llega a
captar la
atención del
público con
una fallida
versión de
una refinada
obra del
danés August
Bournonville.
«Tríptico». Ballet Estable del Teatro Colón. Dir.: O. Araiz. Obras de Bournonville-Paulli, Amarante-Mozart/ Pachelbel y Aráiz-Rachmaninov (Teatro Colón. Repite: 18 y 19/10.)
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En el nuevo programa del Ballet Estable del Teatro Colón, que dirige Oscar Araiz (dos obras de coreógrafos contemporáneos argentinos y una del danés August Bournonville), lo que se trata de mostrar es la versatilidad estilística de la compañía.
Lo más interesante de este triple menú es «Rapsodia», la obra de Araiz concebida sobre la «Rapsodia sobre un tema de Paganini», Op. 43, de Sergei Rachmaninov, que ha sido trabajada en lenguaje contemporáneo mezclado con elementos de la danza clásica. Diez bailarines se entregan a un complejo entramado coreográfico, de marcada originalidad de diseño, y donde se observa una predilección por la pintura de rasgos psicológicos de los distintos personajes, que si bien no exponen un argumento, se los ve en situaciones de singular patetismo.
Un gran dúo central configurala esencia de «Rapsodia», que logra su clima trágico y pesimista con un vestuario acorde y el despojo del escenario iluminado con contrastes de luces y sombras. Los bailarines dan con la atmósfera exacta, aportando técnica depurada y predisposición anímica.
Otro momento valioso del «Tríptico» es la reposición de «Estío», un ballet de Jorge Amarante (integrante del Ballet Estable), quien lo había estrenado hace unos pocos días con motivo de la gala por el 80° aniversario de la compañía del Colón. El coreógrafo diseñó este ballet musical pensando en las sensaciones provocadas por el verano y para ello eligió partituras de Mozart (Concierto N° 20 para piano y orquesta y Sinfonía N° 25) y Pachelbel (Canon en Re mayor). El grupo se interrelaciona constantemente, se crean «solos» y dúos» y sectores contrapuntísticos en una escritura neoclásica sumamente eficaz. Analía Sosa Guerrero y Leandro Tolosa centralizan la acción con una danza sensual y expansiva al lado de un expresivo conjunto. Bello el vestuario de Mini Zuccheri y eficaces las luces de Jorge Pérez. «Conservatorio» es un claro ejemplo del arte coreográfico del danés August Bournonville, que llevó hasta los extremos el refinamiento y la técnica depurada de la danza francesa. Virtuosística y sumamente naïve esta creación breve e insustancial no impresiona demasiado si no está bailada con una contundente demostración del estilo Bournonville, uno de los más exigentes de la historia del ballet. No ocurrió esta vez, ya que una preparación seguramente apresurada sepultó la gracia de una danza refinada en extremo. Nada parece natural en esta suerte de clase de danza académica sobre la música de otro danés: Paulli. Se buscó reproducir la estética impresionista de la plástica de Degas, pero no se logra capturar la atención de los espectadores a pesar de la participación de dos estrellas como Silvina Perillo y Karina Olmedo en su reparto.
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