«Que paren los relojes» sobre textos de Andrés Rivera. Dir.: M. Bogdasarian. Int.: J. Catalá, G. Ditisheim, M. I. Sancerni y M. Bodgasarian. Sportivo Teatral (Thames 1426).
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El escritor Andrés Rivera se ocupó de radiografiar nuestra historia en varias de sus novelas a través de personajes polémicos como Juan Manuel de Rosas y de otras figuras que pese a su aura de leyenda resultan claves para entender la Argentina de hoy. Rivera rechaza el rótulo de novela histórica, ya que él considera que sus textos pertenecen exclusivamente a la literatura. Lo cierto es que sin violentar la verdad histórica, ha sido capaz de dar espesura existencial a algunos «próceres» del pasado elevándolos a una categoría poética que además de humanizarlos los acerca a nuestra contemporaneidad.
En «El farmer» -sólo por poner un ejemplo-Rivera retrata a Rosas como si se tratara de un rey shakespeariano. Describe su mirada lasciva sobre el poder y las sinuosidades que hicieron de él un líder apasionado y astuto al que ni la vejez ni el destierro pudieron doblegar del todo. «Que paren los relojes» reúne cuatro monólogos extraídos de diversas novelas de Rivera que evocan las figuras de Castelli, el sindicalista Guido Fioravanti y del ya citado Rosas. A esto se suma la presencia del Juez Bedoya, único personaje ficcional. Cada uno de ellos hace su aparición en forma aislada e independiente interpretado por una actriz. Este quiebre entre lo masculino y lo femenino apunta a despojar de preconceptos la construcción de estas figuras viriles tan proclives al estereotipo.
• Contraste
El elegante cinismo de Bedoya ( Julia Catalá), un hombre enriquecido por sus contactos con el poder, contrasta con la oscura melancolía de Rosas ( Gabriela Ditisheim) recordando su derrota en Caseros y la mortificante ausencia de su hija, en medio de un ambiente austero y asolado por el frío. A Fioravanti ( María Inés Sancerni), líder de los obreros de la construcción, se lo ve angustiado y casi sorprendido ante una realidad que pone a prueba sus ideales. Por último, la aparición de Castelli ( Mirta Bodgasarian) atormentado por la cercanía de la muerte, cuestiona duramente el papel que jugaron los líderes de la Revolución de Mayo, mientras un cáncer le pudre la lengua.
Los textos de Rivera reverberan en las voces de las actrices, ejerciendo un particular magnetismo en el público, pero más allá de los ricos contenidos de estos fragmentos, la puesta de Mirta Bogdasarian no agrega otros elementos expresivos que movilicen el espacio escénico. Las palabras quedan flotando en el aire, a merced de la atenta escucha del espectador.
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