Periodista: Empecemos por el comienzo: ¿quién hizo los títulos de presentación? Son muy graciosos.
Daniel Cohen: Los pensé yo, me gustaba que el genérico fuera de humor gráfico. Traté de hacer algo chispeante, ligero, tipo aperitivo. Porque, para mí, esta película debía ser como una comida liviana.
P.: ¿Usted se definiría como gourmet?
D.C.: En absoluto. Pero acá me asesoraron los mejores chefs de Francia, tres hombres que han creado sus propias cocinas: Pierre Gagnaire, Alain Ducasse y Alain Passard. Son tipos impresionantes, hablan de cada plato como los joyeros de Place Vendome hablan de sus diamantes, discuten frente a las legumbres como si estuvieran frente a un Rembrandt. Ellos me explicaron detalles del oficio, y en particular esa obsesión por el puntaje Michelin, que estimula, exige, y agota a cualquier profesional. Uno de ellos no quiso seguir más, abandonó la competencia, cambió de vida, siente que recuperó el gusto de cocinar. No es el único, y de eso trata, en parte, mi película.
P.: ¿Cómo seleccionó a sus intérpretes?
D.C.: Michael Youn es un comediante en ascenso, de modo que daba bien para un chef en ascenso. Jean Reno es un comediante extraordinario, aunque generalmente haga dramas o películas de acción. Recuerdo sus participaciones en "Los visitantes del tiempo" y "La Pantera Rosa", pero también tenía una personalidad medio cómica en "Azul profundo", de Luc Besson. Luego, los que hacen de críticos son dos amigos míos, tan ignorantes de la alta cocina como yo.
P.: ¿No lo tentó conseguir a Gérard Depardieu para un cameo?
D.C.: No creo que hubiera aceptado hacer una simple aparición. Tampoco somos amigos, desgraciadamente.
P.: ¿Y cómo consiguió a Santiago Segura para hacer de chef de cocina molecular?
D.C.: Como ese fue un invento catalán, busqué a alguien lo más cercano posible. Y lo encontré en Miami, donde estaba rodando con Adam Sandler y Al Pacino. Contactamos, le gustó la propuesta, me gustó mucho trabajar con él, aunque pertenecemos a universos diferentes.
P.: ¿Usted había visto las películas de "Torrente" que lo hicieron famoso a Segura?
D.C.: Solo unas escenas. Después me mandó todas. Vino bien porque la suya es una parte abiertamente cómica.
P.: A propósito, ¿qué otras piezas cómicas sobre los chefs hicieron los franceses después de Louis de Funes?
D.C.: Precisamente, quise hacer ésta porque, salvo alguna parte de "Un affaire de gouts", desde aquel entonces, en los '70, nadie hizo nada sobre los chefs . Pero las de Louis de Funes eran comedias cómicas. La mia es solo una comedia.
P.: ¿Dice que no hubo nada?
D.C.: Quizá porque los chefs más renombrados de Paris son algo susceptibles. Ahora, después de la mia, saldrán varias. Y yo, mientras, haré una romántica donde nadie comerá nada.
P.: ¿Comió molecular?
D.C.: Probé un poquito. Era muy divertido el espectáculo de mouses y colores. No tengo nada en contra, salvo el precio y el tamaño de las porciones. Tampoco tengo nada contra los chefs en general, ni los televisivos en particular. Al contrario, me despiertan curiosidad, me recuerdan pinturas del siglo XVIII, rodeados por desconocidos, centrados en su creación, generosos. Por supuesto, pueden caer en el histrionismo, hacer platos absurdos, imponer arteramente una marca. Pero tienen algo positivo: nos impulsan a prestarle atención a la comida, y a comer mejor.
P.: Usted y su equipo habrán comido muy bien durante el rodaje.
D.C.: Mientras rodábamos en la École Supérieure de Cuisine Française Grégoire Ferrandi, en Saint Germain-des-Prés, nos hacían unos platos formidables. Muchos cocineros importantes salieron de allí. Pero todas las demás escenas, bueno, ¿recuerda a Claude Chabrol, que solo elegía lugares de filmación cercanos a buenos restaurantes? No podíamos darnos ese lujo. En cambio nos seguía fielmente una buena cantina ambulante de café, hamburguesas y papas fritas: la empresa de catering.
| Entrevista de Paraná Sendrós |

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