Pese a que hoy día la orquesta, las coristas y las bailarinas
tienen más protagonismo que él, el show de un disminuido
James Brown transmitió alegría y el público salió conforme.
James Brown (voz, teclado). Con H. Farris (trompeta, dir. mus.), R. Johnson (presentador), C. Hurst (voz), J.K. Jarrell C. Moore, Sh. Wheat (coros), Y. Wynne, S. Raya Manresa (baile), W.R. Brundidge, F. Thomas (bajo), G. Nealy (percusión), R. Thompson, T. Cook ( batería), J.K. Jenkins, D. Wood, D. Brown ( guitarra), J.T. Watkins y L. Harper (saxo). (Luna Park, 23/3.)
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Tercera visita del padrino del soul, que empezó a venir a la Argentina siendo ya un artista legendario.
Referente para muchos artistas más jóvenes -por caso, Michael Jackson y Prince- y para DJ's de todo el mundo que han sampleado varios de sus clásicos, es poseedor de un mito que está aún por encima de su realidad y aún de su pasado sonoro.
Su vida alborotada, que incluye un paso por la cárcel por violencia familiar, y una salud que suele darle sobresaltos, ayudaron para forjar un personaje que puede enloquecer a las multitudes con su sola presencia.
Con 71 años, James Brown ya no es el mismo, naturalmente . Sin embargo, nadie parece alterarse por el hecho de que en este concierto del Luna Park el protagonismo estuviera más en la orquesta, en las coristas o en las bailarinas que en él mismo. En los noventa minutos que duró su show, no fueron tantas las canciones interpretadas, y muchas de ellas tuvieron a sus muy buenas e histriónicas cantantes y a una formación de músicos que duplica varias de las familias de instrumentos, en el centro de la escena. Brown cantó a ratos; en otros momentos, balbuceó los temas, tocó algunas pocas notas en el piano, tomó la pose de director de espaldas al público, se encomendó a Dios, recordó a Ray Charles y declamó su felicidad por estar nuevamente en Buenos Aires.
En ese tiempo, pasaron varios de sus títulos más populares, como «I`m a soul man», «It`s a man`s man`s world», «Sex machine» o «I feel good (I got you)» (la más festejada por la gente). Eso, más el profesionalismo de hotel internacional de un show que no tiene fisuras técnicas, alcanzó para la alegría del público, aunque el viejo artista estuviera por debajo del nivel de sus anteriores visitas.
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