Entre medio, hay una salida de fábrica en Río Grande, un plano fijo donde el tipo le amarga el almuerzo al viejo con su decisión de mandarse mudar a Buenos Aires, y un largo viaje desde Tierra del Fuego, pasando por los glaciares, que más que imponentes parecen sucios, y toda la ruta de los lagos. Buena parte lo hace con una compañera ocasional, que iba caminando rumbo a quién sabe donde. Mala suerte, con lo grande que es la Patagonia, justo le tocó una caracúlica que tarda como dos días en preguntarle el nombre, y cuando al fin pasa algo lindo y hay promesas de amor se quiere volver con el marido que le pega. Bueno, la película trata precisamente de la falta de comunicación. Es coherente entonces todo lo que les pasa a ambos a continuación.
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