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14 de agosto 2007 - 00:00

Demirjián, entre la figura humana y los íconos armenios

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En sus últimas pinturas, Jorge Dermijián destaca más que nunca la figura humana y los rostros como máscaras, vinculadas a la tradición cultural de Armenia, la patria de sus padres.
El viernes pasado se inauguró en Agalma.arte (Libertad 1389), la muestra de Jorge Demirjián, «Situaciones», con sus últimas pinturas (2006-2007), en las que se destaca la figura humana y sus rostros como máscaras.

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«Demirjián ocupa un lugar permanente en la pintura argentina; emergente de la ya legendaria década del sesenta, su obra se incluye en lo que se llama 'nueva figuración', esa particular manera de abordar la figura humana que no desdeña los logros de la abstracción, que fusiona a ambas en una nueva síntesis», recordó Nora Hochbaum en el prólogo a la muestra que se realizó en el Centro Recoleta en 2000. En notas anteriores señalamos la importancia de Demirjián (Buenos Aires, 1932) en el contexto del arte de mediados del siglo XX. Avanzando por el camino de los informalistas, la neofiguración de los años '60 derribó los últimos prejuicios acerca de la «belle peinture», el cuidado de los detalles, la unidad de la obra, la alienación creadora, con telas violentas y espontáneas pero de notable factura, ensimismadas de angustia por la fragilidad humana y teñidas, al mismo tiempo, de humor y sarcasmo.

La neofiguración no fue una receta pasajera ni un círculo vicioso, sino un foco de vertientes: Demirjián fue uno de ellos. Fue alumno de Emilio Pettoruti y Horacio Butler, y en 1960, obtuvo una beca del Fondo Nacional de las Artes, con la que se trasladó a Europa donde vivió hasta 1962.

«Demirjián trata el fondo de sus telas con pinceladas sueltas y cruzadas con las que logra una superficie espacial donde se destacan sus figuras vehementes, lanzadas, con elementos insólitos», había señalado el excelente teórico y crítico Aldo Pellegrini.

Durante su estadía en París (1963-66), recibió la influencia del lenguaje singular y las distorsiones de la figura humana del gran artista irlandés Francis Bacon (1902-1992). Las dos muestras de Demirjián en la galería Bonino de la calle Maipú (1968-70), coincidieron con el período Pop.

Aunque no representó esta corriente, incorporó a su lenguaje muchos elementos de esa retórica.

Durante su permanencia en Londres, con una beca del gobierno inglés para un postgrado en la Slade School of Fine Arts, realizó una importante obra gráfica (1970-72). A su regreso, en 1972, inició la serie de Los Deportistas, que continuó durante su exilio en París (1976-1980). Demirjián desarticuló la imagen humana hasta separar sus miembros y volvió a reunir estos fragmentos dispersos, en telas y dibujos sobre atletas, deportistas y situaciones urbanas. Las figuras y personajes de los años '80 y '90 singularizan una enunciación grotesca, a través de su sensibilidad dramática; pero su imaginería acerca del hombre y su sociedad emerge de una vigorosa poética de fondo, originada en el ritmo de sus pinceladas y la silenciosa riqueza del color.

Nos interesa destacar otra vertiente en las imágenes del artista. Hijo de armenios, Demirjián reconoce su deuda con los íconosy las máscaras vinculadas con esa tradición cultural. Ubicada entre montañas al sur del Cáucaso, la república de Armenia posee un rico paisaje de volcanes, altas mesetas y al oeste la cordillera de Gegam que domina la capital Yereván. Su estratégica posición en el cruce entre Oriente y Occidente impulsó el interés de pueblos vecinos. Armenia sufrió sucesivas conquistas y fue sometida por los persas, macedonios, romanos, bizantinos, árabes, mongoles, tártaros y turcomanos. Desde fines del siglo XVI, Armenia se convierte en zona de conflicto entre turcos otomanos, persas y rusos. Su larga historia de resistencia al avasallamiento llega hasta el siglo XX.

Desde 1908 en Turquía ejercían el poder los jóvenes turcos que en principio de apariencia liberal se convirtieron luego en nacionalistas extremos. Eran oficiales del ejército que querían crear un orden nuevo y modernizar su país. Se propusieron lograr una homogeneidad étnica expulsando a griegos y armenios. Ya iniciada la guerra del '14 y en el marco de campañas militares desfavorables en la frontera del Cáucaso con Rusia, los turcos realizaron la masacre y deportación de la población armenia entre 1915 y 1916.

Las máscaras fueron utilizadas en la celebración de distintos rituales: son símbolos religiosos con una función en la vida de la comunidad, utilizadas en ritos iniciáticos; funerarios o festivos en los que la máscara convierte al portador en otro ser. Desde comienzos del siglo XX, el arte de Occidente se enriqueció formalmente con las imágenes de otras tradiciones culturales produciendo una revolución en la sensibilidad estética. Artistas como Matisse, Braque y Picasso se interesaron por los objetos artísticos de otras regiones, como las máscaras de África y Oceanía, y los convirtieron en una alternativa formal que modificó las convenciones de la tradición artística europea.

Los íconos por su parte fueron objetos de veneración en las ceremonias: un género artístico para la adoración divina; por eso los ritos están siempre en estrecha relación con la presencia de las imágenes. El antinaturalismo, la perspectiva invertida, la manifestación expresionista de los rostros humanos y la esquematización, son propias de esta iconografía oriental. Estas características están presentes en las representaciones de Demirjián. Desde las imágenes imprecisas, casi ambiguas de sus obras de los '60 -como «De carne somos», de 1965-, hasta sus telas de los últimos años como, «Desiguales», en 2002, el eje ha sido siempre la figura humana, en seres estereotipados que parodian sentimientos, angustias y frustraciones.

Demirjián enmarcara el discurso. Hay una suerte de estrategia de armado que alude a lo que no está. Sus planos de color son definidos y con originales figuras esquemáticas. El artista reinventa continuamente, complica los límites entre la imagen y lo que parece encontrarse más allá de sus contornos: el dominio de lo real.

Exiliado de la Argentina durante la dictadura militar, su historia personal y su arte se entretejen con la tradición de su familia armenia.

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