Presentación de «Andando». Actuación de Diego Torres. Con F. Calahorrano (teclados, dir. musical), P. Etcheverry (teclados), G. Luciani (bajo), L. Cardoso y S. Addario (guitarras), E. Ghilardi (batería), J. Mokdad (percusión), C. Díaz (trompeta) y D. Chávez, M. Bachor y A. Batista (coros). (Estadio Vélez; 10 y 11 de noviembre.)
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El éxtasis que despierta Diego Torres es bastante diferente del de «Creamfields», pero igual de movilizador. Torres ha sido siempre un personaje atípico en la escena de los cantantes latinos. Es capaz de recorrer muchos lugares, como esta gira de presentación del nuevo disco que tendrá alrededor de 100 presentaciones en 25 países. Puede mover un total de 80.000 personas para verlo en el estadio de Vélez durante dos días consecutivos (viernes y sábado), récord que casi ningún otro argentino podría igualar. Vende sus discos por cientos de miles, aquí y en otras partes del mundo, pero nunca deja de ser el antihéroe que puede reírse de su estatura, de su pelo o de su vestuario.
Lo diferente está en su preocupación constante por lo musical. Esta vez se subió a un escenario gigante, con un espacio para meterse entre el público y varias pantallas, y recorrió sus caminos más seguros con temas como «Tratar de estar mejor», «Color esperanza» o «Penélope». Un repertorio de canciones en el que mezcló «clásicos» con buena parte del material del disco que venía a presentar. Ni los unos ni los otros son temas que sobresalen por su originalidad, pero, a su oficio de compositor de canciones pegadizas suma un muy profesional trabajo de orquestación, dirigida por Florial Calahorrano, y sabe entregar el escenario a sus compañeros, muy especialmente al cantante Alex Batista.
En las dos horas de concierto hubo recuerdos para su madre, una participación especial de su padre Julio «Lole» Caccia en una ranchera mexicana («un aplauso para el actor de reparto», bromeó), y mucho diálogo con el público. Diego Torres sabe seducir a las mujeres, y no sólo a las más jóvenes que deliran con éxtasis por él.
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