24 de marzo 2001 - 00:00
Director argentino en ciclo venezolano
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Alejandro Saderman.
Alejandro Saderman: Es cierto, gracias a un corto que hice con Aldo Persano en 1952, basado en sus poemas. Se lo mostramos, y él nos dijo: «Ahora se justifica haber escrito esos versos». Exageró, generosamente, porque el corto era ingenuo, pueril, pero nos hizo mucho bien. Yo tenía entonces diecisiete años, y escribía en «Gente de cine», de Roland. Luego hice documentales, publicitarios, y docencia, en la Argentina, Italia, Cuba, Venezuela, país por el que siento mucha gratitud, porque es donde cuarenta años después -en 1993-, se dieron las condiciones para hacer mi primer largo «Golpes a mi puerta».
P.: ¿Cómo colocó sus películas en la TV norteamericana?
A.S.: El vicepresidente de TNT, Rick Pérez, vio «Golpes...» en el Festival de Chicago, y (me van a envidiar por esto) corrió a mi encuentro, y me lo compró enseguida. Luego, TNT me hizo la precompra de una segunda película, que fue la comedia policial «Cien años de perdón», que ya pasó como once veces. En noviembre, HBO abrió con esta comedia un canal latino en Norteamérica, y ahora, otro canal va a pasarla con subtítulos en inglés. Desde el punto de vista de la exhibición masiva, es algo muy bueno. Pero si fuera un suceso comercial, ganaría más pasándolo en salas. Aunque tener éxito comercial con una película latinoamericana es algo tan excepcional...
P.: ¿Cómo anda el cine venezolano?
A.S.: Tenemos un Centro Nacional Autónomo de Cinematografía, que es verdaderamente autónomo, democrático, y representativo, pero a veces apenas le da para solventar una sola película por año. Igual, se hacen cinco o seis, algunas de ellas con capitales totalmente privados, como una cinta del grupo Salserín, de los hijos de Alí Primera (una suerte de Facundo Cabral caribeño). El último suceso fue «Manuelita Sáenz». El presidente Hugo Chávez la recomendó en su programa radial de los domingos, ¡y la vieron 300.000 venezolanos! Ya quisiera uno tener semejante publicista.
P.: ¿Qué películas integran la presente muestra?
A.S.: Están las dos mías, «Jericó», muy discutida, de Luis Alberto Lamata, sobre un cura misionero que terminó asimilado por los indios, «Santera», de Solveigh Hoogesteijn (cuya anterior, «Macu, la mujer del policía», bordeó los dos millones de espectadores, un récord absoluto); «La voz del corazón», de Carlos Oteyza, ex documentalista, una comedia de dos chicas debutantes; «A la media noche y media»; y una hecha en Mérida, con capitales puramente privados, «Una vida y dos mandados». Ahora, estoy entre una especie de «Buena vista» tanguero, y la adaptación de un cuento de Abilio Estévez, homenaje a la vieja manera artesanal de hacer cine, antes de los fax y las computadoras.




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