Desgarrada por la envidia y dando por sentado que la vida no ha sido justa con ella, la suplente encuentra su válvula de escape en la literatura y en su sufrido alumnado que debe soportar su hipócrita y amarga moralina. En el espectáculo hay rimas de todos los calibres (algunas mucho más explosivas e irreverentes que otras) lo que provoca carcajadas entre el público. El libreto resulta quizás menos eficaz cuando la profesora se dedica a atacar la televisión, pero recupera su vivacidad cuando la actriz baja a platea para descubrir en cada espectador la figura de algún personaje literario. La inefable profesora se burla de los hermanos
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