EE.UU.: impulsan polémica reforma en precio del cine

Espectáculos

Los Angeles (Especial) - En los próximos meses, una eventual reforma en la exhibición de cine en varias de las más importantes ciudades de los EE.UU. podría provocar mucho más que polémicas. Esta reforma consistiría en adecuar al cine a la más estricta ley de oferta y demanda, de la que históricamente siempre se mantuvo al margen.

A diferencia de lo que se practica en otros países (incluida la Argentina), en los EE.UU. nunca hubo «día barato», y los descuentos en el valor de la entrada, por las razones que fueren, son nulos o infrencuentes. Sin embargo, la intención que tienen estos días algunas de las cadenas más importantes de exhibición revolucionaría las costumbres: ya no sólo habrá, por caso, ese «día barato», sino que se han planteado algunos extremos como los de cobrar de manera diferenciada según la calidad o el poder de convocatoria de una película, su tiempo de permanencia en cartel (los estrenos costarían más) y hasta la ubicación que se tenga dentro de la sala.

Las reformas se explican como efecto directo de la crisis de concurrencia de público a las salas, a partir de la consolidación del DVD como formato hogareño y la cada vez más extendida modalidad de los «home theaters». Durante 2005, la afluencia total de espectadores a las salas en los EE.UU. sufrió una merma de más de 7% con respecto a las cifras del año anterior, y 17% si se considera el período de los últimos tres años.

Peter Brown
, titular de AMC Entertainment (la cadena de exhibidores que impuso el modelo de los complejos multisalas), dijo recientemente a «The New York Times» que «Tarde o temprano, esta reforma tendrá que ocurrir. La diferenciación de precios según el día de la semana, el atractivo de una película y otras muchas variables está en estudio desde hace tiempo. Lo mismo ocurrió con las líneas aéreas, que durante mucho tiempo mantenían precios fijos hasta que se vieron obligados a flexibilizarlos según temporada alta y baja, ubicación, etc.».

Ese matutino recordó, sin embargo, que algunas empresas importantes debieron dar marcha atrás con su intento de diferenciar precios según variables. El caso más ilustrativo que se recuerda es el de Coca Cola. Esa firma, en 1999, anunció su plan de instalar, en los expendedores públicos de latas de gaseosas, un termómetro que regularía el precio de la unidad: a mayor calor ambiente, más monedas deberían ponerse para obtener una latita fría. Pero fue tal el rechazo del consumidor en los sondeos previos que Coca Cola nunca llegó a implementarlo.

El ejecutivo de ACM opinó que, de ponerse en marcha un cambio semejante en el cine, éste debería ser muy lento y progresivo, y comenzando con ofertas atractivas antes que recargos, a los fines de que el consumidor pueda ir habituándose. Así, lanzó los «martes de oferta», con precios al 50% sobre el valor de la entrada, en puntos estratégicos.

Las relaciones con los estudios son, además, una de las encrucijadas más difíciles de sortear. Si un cine decidiera proyectar una película de relativo atractivo popular a un precio oferta en su semana de estreno, el público podría considerar que el film es malo, y más allá de que el exhibidor asumiera las pérdidas, ofendería al estudio productor.

Las cadenas no han hecho aún eso, pero sí llegaron a recargar en algunos dólares el valor de la entrada en ciertos estrenos, como por ejemplo el de
«Los productores» en Nueva York.

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