Viejos conocidos de Buenos Aires, los integrantes de la famosa agrupación son Gunter Pichler y Gerhard Schulz, en violín; Valentin Erben, en violoncello y, en viola, Isabel Charisius, quien reemplaza desde 2005 al fallecido Thomas Kakuska.
Como siempre, el Alban Berg dio muestras de su amplitud musical, su perfección y el profundo respeto por el estilo de cada uno de los autores abordados, en el caso compositores de grandes contrastes: Haydn y Beethoven por un lado y Alban Berg por el otro. Nada más. Suficiente para apreciar la calidad de estas cuerdas magníficas comandadas por Gunter Pichler desde el puesto de primer violín, un genuino virtuoso, aunque los tres instrumentistas restantes no le van en zaga.
Tuvieron sutilezas expresivas y elegancia los cuatro movimientos del Cuarteto en Sol Mayor, Op. 77, de Haydn. Equilibrio e introspección, el bellísimo y extenso Cuarteto de cuerdas N ° 15, en la menor, Op. 132, de Beethoven. Como es habitual, los cuatro músicos dejaron de lado la posibilidad de lucimiento personal para integrarse en una sola voz, de múltiples resonancias. En el Cuarteto Alban Berg no existe divorcio entre estructura formal y contenido. Las dos cosas se dan naturalmente, como si fuera la única manera de transmitir una obra musical. Ellos han conseguido esa instancia superior. Además, la articulación de las cuatro voces se ofrece como un recurso de continuidad expresiva.
El Cuarteto de cuerdas Op. 3 de Alban Berg presupone una atención del oyente que complete con su pensamiento los posibles canales abiertos que el autor insinúa y que de pronto no completó, con sus reiterados silencios y sus profundas conexiones internas. Todo este trabajo de fino orfebre fue mediado por el Cuarteto austríaco con verdadera carga mágica.
En el bis se escuchó un hermoso « Adagio» de un cuarteto de Haydn.