Esa escena inicial, sobre la que la historia vuelve una y otra vez en el más irreversible de los tiempos, el real, funciona como un angustioso «aleph» a través del cual se desenvuelve, como en violentos retazos de memoria (dimensión que también admite, como ocurre aquí, la deformación de lo imaginario), la vida entera del médico. Y, en especial, la crónica de otro escándalo, el que años atrás, cuando todavía no era padre, lo unió a una mujer de la que se enamoró de manera irresponsable.
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