Obra de Renato
Guttuso, uno de
los artistas que
conformaron
«Corrente»,
grupo que se
propuso romper
con el ahogo del
fascismo y
consolidar una
visión nueva,
libre e
inconformista.
En su último libro, de reciente aparición, «L arte all ordine del giorno», el crítico e historiador italiano Vittorio Fagone replantea cuestiones sobre el arte italiano en los años '30. La expresión «El arte al orden del día» fue formulada por Raffaello Giolli en aquellos años, para señalar la posibilidad ética y social, además de estética, de la cuestión de las artes en Italia en el período que lleva del difuso consenso al sistema fascista al recodo bélico de los años '40. El libro es el resultado de veinte años de investigación y tuvo su comienzo y punto de apoyo en la gran exposición «Los años treinta» presentada en el Palazzo Reale de Milán en 1982, de la que Fagone fue uno de los curadores, y antes aún en los cursos sobre El arte italiano de los años 30 desarrollados en el período 1979 a 1981 en la Escuela de Historia del Arte de la Universidad Estatal de Milán.
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Fagone, agudo observador de la escena artística contemporánea, no considera posible una real comprensión de las originales formulaciones estéticas de los últimos decenios en Italia sin que primero se haya afrontado la continuidad de la investigación artística. Indagar sobre los años entre la guerra y posguerra puede significar darse cuenta de cómo, dentro de una misma perspectiva, se equilibran las reivindicaciones de originales caracteres nacionales y las irrenunciables aspiraciones modernas hacia un modelo abierto comunicativo internacional.
El modernismo se había instalado en la pintura italiana entrado el siglo XX, por la vía del Futurismo, cuyo heraldo fue el poeta y escritor Filippo Tomasso Marinetti, quien inició el movimiento en 1909. Arremetiendo contra las tradiciones culturales europeas, exaltó la máquina y reivindicó la guerra. Su manifiesto canónico apareció en 1910, con la firma de Giacomo Balla (1871-1958), Umberto Boccioni (1882-1916), Carlo Carrà (1881-1966), Luigi Russolo (1885-1947), y Gino Severini (1883-1966). Su presentación en el mundo de las vanguardias llegó en 1912, con la muestra que realizaron en París.
La pintura daba cuenta del dinamismo de la vida moderna urbana. A la descomposición de las formas a través de la luz y el color tomado del puntillismo, unieron la estructuración en planos seguida por los cubistas, para significar así el movimiento y la simultaneidad. A fines de 1918, el Reino de Italia se sentaba a la mesa de los vencedores de la Primera Guerra. Dos décadas después, a mediados de 1940, se sumaba a la Segunda Guerra, y tres años más tarde, en 1943, capitulaba ante los Aliados para volverse contra Alemania, junto a la cual había luchado.
Epoca de hondas convulsiones políticas y sociales para Italia, su desarrollo cultural no pudo ser ajeno a ese marco y la pintura dio testimonio de tal época. En la Primera Guerra tomó partido por los Aliados de entonces, contra Austria y Alemania y tras el armisticio de 1918, obtuvo algunos territorios que pretendía, atizada por una fuerte ola de nacionalismo. Pero si es cierto que había ganado la guerra externa, no le fue posible alcanzar la paz interna, sacudida por la mala situación económica. Al cabo de la Guerra del 14, tan deseada por ellos, el grupo está disuelto (Russolo, además, dejó la pintura por la música). Aun así, puede hablarse de una segunda etapa futurista (o de un Neofuturismo), en los años '20, en la cual participan artistas de la hora inicial, como Ardengo Soffici, Mario Sironi y Ottone Rosai, y recién llegados: Enrico Prampolini, Mino Rosso, Fortunato Depero, Aligi Sassu. Novecento fue una radicalización de las posturas de quienes buscaban reemplazar a las vanguardias, especialmente el Cubismo y el Expresionismo, por nuevas manifestaciones artísticas inspiradas en los modelos clásicos.
Cuaja, por ello, con la orientacióngrandilocuente y autoglorificadora del fascismo gobernante. El grupo, que se dispersa hacia 1933, no dejará huella destacada en la pintura italiana contemporánea. La adhesión al fascismo de varios miembros del grupo, llevó a Aligi Sassu a distanciarse de él y a conspirar contra Mussolini. Sentenciado en 1937, pasó un año y medio en prisión y quedó luego sometido al régimen de libertad vigilada. Salido de la cárcel, en 1938, siguió su lucha desde la pintura, influida por la opresión fascista en Italia, el avance del nazismo en Alemania y los acontecimientos de la joven República española bajo el gobierno derechista de mediados de la década del '30.
La obra de Mario Sironi, antiguo futurista, se reveló con características propias de alto valor, ajenas al retórico estruendo del fascismo. Dos campos se ofrecían a la exploración en los años '30: la pintura abstracta, que habían esbozado los futuristas, y el realismo intimista.
El grupo Corrente surgió en 1938 y tomó el nombre de la revista editada desde 1938 hasta 1940: «Corrente de vita giovanile» (Corriente de vida juvenil). Pero no se trataba sólo de una cuestión de edad: Renato Birolli tenía 32 años;
Giacomo Manzù, 30; Aligi Sassu y Renato Guttuso, 26. Se proponían romper con el ahogo mortuorio del fascismo, con el Novecento, con el arte oficial, y de entablar relaciones con la existencia cotidiana a partir de una visión nueva, libre, inconformista, depurada de trampas.
Se abrió camino, después de alistarse en la Resistencia como tantos intelectuales y artistas. Renato Guttuso (1912-1987) dijo alguna vez: «Para que una pintura viva, es necesario que quien la produce esté encolerizado y se exprese de la manera que mejor le convenga. Debe actuar, en pintura, como aquel que muere por una causa». El libro de Fagone recupera y reinterpretamomentos y protagonistasde esos años en un detalladoexamen crítico libre de prejuicios.
Fagone nació 1933 en Floridia. Es director de la Fondazione Ragghianti de Lucca. Fue docente en la Facultad de Arquitectura del Politécnico de Milán, en la Universidad de Parma y la de Siena. Director de la Nueva Academia de Bellas Artes de Milán. Profesor Invitado por ICASA ( International Center for Advanced Studies in Art) del Departamento de Arte de la Universidad de Nueva York, codirigido por Angiola Churchill y el autor de esta nota. A raíz de su visita a Buenos Aires en 1980 (Jornadas de la Crítica), Fagone invitó a los artistas argentinos del Grupo de los Trece a la muestra «La cámara encantada», en el Palacio Real de Milán. Fue el primer director de la Galería de Arte Moderno y Contemporáneo de la Academia Carrara de Bérgamo (1994-2001), cuyo proyecto museológico realizó con el gran arquitecto Vittorio Gregotti, que vino a una Bienal en Buenos Aires en 1996.
Fagone fue curador de la Bienal de Venecia en 1978 y 1980; en la Documenta de Kassel en 1997 y de Infoart de Kwangju, Corea, en 1995. Dirigió el Festival VideoArt de Locarno de 1981 a 1985. Entre otras publicaciones, escribió «Creación artística y videoarte» (1983), «La imagen video. Artes visuales y nuevos medios» (1990) y «El video arte» (1999).
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