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12 de octubre 2006 - 00:00

"El blues logró que los jóvenes escucharan jazz"

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Walter Malosetti: «En mis tiempos, nadie pensaba seriamente en que podría llegar a vivir del jazz. Hoy eso ha cambiado».
"Toda la vida me interesó la docencia. Llegué a tener una escuela de música que fue de las más importantes que hubo acá. Después, por razones del país, todo se fue achicando, pero además quería concentrarme más en mi tarea como músico, que la tenía abandonada. Pero ahora se acercó a mí un grupo de jóvenes, uno de los cuales es alumno y amigo de años, con la idea de volver. Se fue sumando gente y así llegamos a esta escuela en la que no sólo daremos clases de jazz sino de todos los géneros y para todos los instrumentos musicales".

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Entusiasta a los 75 años, el guitarrista Walter Malosetti inicia su diálogo con este diario. «Dar clases es una experiencia muy enriquecedora para cualquier músico, porque uno no sólo entrega conocimientos sino que también extrae cosas de los alumnos», concluye. Malosetti está haciendo muchas cosas: da el puntapié inicial para esta escuela en Caballito -construida en una vieja casa muy bien reciclada-, acaba de editar su primer álbum en solo de guitarra -«Palm»- y está tocando todos los sábados en Notorious con distintas formaciones de músicos jóvenes.

Periodista: ¿Cómo ve este resurgimiento que está teniendo el jazz y a qué lo atribuye?

Walter Malosetti: Yo he tenido la suerte de conocer y tocar, desde muy chico, con gente muy valiosa, como Baby y Héctor López Furst, el Gato Barbieri, Oscar Alemán. Tuve la suerte de conocer hace muchos años al gran Jim Hall, que hasta llegó a dedicarme un tema. Era un tiempo en que había muchos músicos talentosos que hacían jazz pero de una manera totalmente desinteresada; en realidad, nadie pensaba en aquellos tiempos que uno podía vivir de tocar esta música. Después llegó el rock, con Los Beatles a la cabeza, los jóvenes se volcaron hacia allí y los jazzeros quedamos un poco escondidos.

P.: ¿Y qué los sacó del escondite?

W.M.: El blues. Ese fue un punto de encuentro entre ambas músicas, el blues. Y muchos hemos puesto nuestro granito de arena para este resurgimiento del jazz. Mi antigua escuela, creo, fue importante. Después nació la Escuela de Música Popular de Avellaneda, que para mí fue complicado porque me sacó alumnos, pero para la música fue muy bueno porque permitió a los jóvenes estudiar con grandes maestros y sin pagar un peso. Así, muchos músicos de distintos géneros empezaron a sentir curiosidad por la manera de trabajar del jazz, por su característica saliente que es la improvisación. Nacieron las fusiones. Y hoy podemos disfrutar de este resurgimiento que es indudablemente más masivo que lo que era en mis tiempos de juventud.

P.: ¿Le parece interesante lo que está sucediendo musicalmente, más allá de la masividad?

W.M.: Sí, claro. Porque veo mucho entusiasmo. Yo siempre digo que siempre hay que tocar por pasión y no como trabajo; que una vez arriba del escenario el artista tiene que olvidarse de la plata. Y veo a muchos jóvenes con esa filosofía. Están también, por supuesto, los que se enloquecen con tocar muchas notas y en poner demasiado el acento en la técnica. Lo más difícil de estudiar música es darse cuenta de que no todo pasa por tocar rápido. Pero me alegra ver a muchos jóvenes talentosos, también, que están buscando la expresión más que el aplauso fácil.

P.: ¿Por qué un disco de guitarra sola y por qué lo bautizó «Palm»?

W.M.: La gente del jazz no está muy acostumbrada a los discos de guitarra sola; de hecho hay muy pocos en el mundo. Fue un gusto que tenía ganas de darme y ahí mezclé temas míos, con clásicos del jazz como «Misty», «I've Found a New Baby» o «We'll be Together Again» con una maravilla folklórica de Eduardo Falú como «La cuartelera». El nombre tiene que ver con las iniciales del nombre de mi hermano, Pedro Alfredo Lucas Malosetti. El fue un gran luthier de guitarras y bajos. Siempre nos valoramos mucho mutuamente. Yo aprendí mucho de él. Y éste es mi pequeño reconocimiento.

Entrevista de Ricardo Salton

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