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Hoy, transcurridos más de ocho decenios desde ese rotundo cambio en las formas de representación artística que impuso Duchamp, el Centro Cultural Borges exhibe una muestra donde reitera la misma fórmula, la instalación de un «ready made» en una sala dedicada a la contemplación del arte, pero esta vez no se trata de mingitorios sino cacerolas.
Las mismas que resuenan a pocos pasos del Borges, en la convulsionada city porteña. Más allá de los posibles valores estéticos de la muestra, las cacerolas «son noticia» y la exposición repercutió con fuerza en los medios de comunicación, que a su vez incentivaron el interés de un público que no suele frecuentar exposiciones y también, de los entendidos, dispuestos a evaluar si el artista, Algunos artistas pensaron hace casi un siglo que el arte no debía diferir de la vida, con sus vicisitudes, sus desórdenes y armonías momentáneas. Sin embargo, cuando el arte -como en este caso-, se confunde con la vida, debe agregar fuerza y aportar nuevos significados, o corre el riesgo de convertirse en un intrascendente reflejo.
Eso sí, está presente el espíritu marketinero de los tiempos y muchos de los objetos ostentan la marca del fabricante. También en el Borges y pisando el terreno del arte político, la exposición
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