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26 de octubre 2006 - 00:00

"El camino de Guantánamo"

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Emociona sin golpear bajo este film sobre el caso de cuatro jóvenes británicos de origen asiático que fueron detenidos en Afganistán y recluidos en la cárcel de Guantánamo.
«El camino de Guantánamo» (Gran Bretaña, 2006, habl. en inglés, farsi y árabe). Dir.: M. Winterbottom & M. Whitecross. Int.: F. Harun, A. Usman, R. Ahmed, W. Siddiqui, S. Iqbal.

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Esta historia en forma de docudrama escenifica un hecho real. Como certificando la historia, los auténticos protagonistas cuentan a cámara lo que les pasó, y, para que quede más claro, unos actores parecidos a ellos escenifican ciertos detalles. Ese es el recurso. Y la historia, es la de «los tres de Lipton», unos muchachos británicos de origen asiático, de 19 a 23 años, que fueron a un casamiento en Karachi y terminaron sufriendo una «averiguación de antecedentes» por casi tres años.

En realidad, eran cuatro. Pero justo estaban en el lugar equivocado, en el momento equivocado, Afganistán, septiembre de 2001, los agarraron las tropas antitalibanas del general Dostum, y uno de ellos desapareció para siempre. Hasta ahora no se sabe qué destino tuvo. Los otros (hoy podría decirse, afortunadamente) fueron llevados a Guantánamo, uno de esos lugares donde, como bien se dice, el que no se quiebra se fortalece. Finalmente los soltaron, aunque jamás les reconocieron inocencia, buen nombre, ni honor. Ni hablar de indemnizaciones. Aún más, cuando volvieron y esta historia salió a la luz en «The Observer», el Pentágono la consideró «incierta» (un eufemismo maravilloso), y cuando esta película ganó el primer premio en Berlín, el sensacionalista «The Sun» dijo que trataba «sobre tres terroristas ya condenados».

Mirándola detenidamente, trata de otra cosa. Como toda historia carcelaria, trata de la capacidad de resistencia del hombre común en circunstancias fuera de lo común. También, por supuesto, de los abusos de autoridad, la falsedad a la vista, y la supuesta inoperancia de un lugar donde, con gran presupuesto, se mantienen cientos de personas durante años, y hasta ahora solo diez fueron llevadas al tribunal militar...y las diez fueron absueltas. Supuesta inoperancia, claro, porque cumple muy bien la misión de amedrentar a medio mundo. Eso está claro aquí, y (cabe mencionarlo para quien guste del tema) en el libro del francés Nizar Sassi «Prisionero 325. Campamento Delta. De Vénissieux a Guantánamo», quien cuenta su experiencia reconociendo, además, que en algún momento él estuvo entre los militantes de armas tomar, aunque apenas en el grado de perejil.

La película es fuerte, sin necesidad de mostrar demasiado. Impresiona con buen control de las emociones, sin amarillismos, e incluso sin maniqueísmo: más de una vez se ven carceleros norteamericanos en actitudes amables, y hasta protectoras.

Dirigió (con ayuda), el prolífico Michael Winterbottom, de quien, aparte de este «Camino», se recomienda el mucho más fuerte «In this World», seguimiento de un chico afgano que viaja clandestinamente hasta Londres en busca de trabajo.

P.S.

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