«Cadena de favores» («Pay it Forward», EE.UU., 2000, habl. en inglés). Dir.: Mimi Leder. Int.: Kevin Spacey, Helen Hunt, Haley Joel Osment, Jay Mohr, Angie Dickinson, Jon Bon Jovi.
Antes que nada, conviene aclarar que el tema y el mensaje de este extraño melodrama son inobjetables, recomendables, dignos de todos los elogios posibles y de los adjetivos más cristalinos de la lengua castellana.
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Pero muchas veces, el camino al infierno está lleno de buenas intenciones. Al menos, en este caso, las buenas intenciones sólo conducen al purgatorio, con una película sobrecargada de sufrimiento, alcoholismo, traumas infantiles, traumas adultos, traumas sexuales, niños traumados y cosas por el estilo. Haley Joel Osment, el chico de « El sexto sentido» ya no ve gente muerta. Ahora ve gente ebria, ya que todos sus seres queridos -es decir mamá, papá y abuelita-son alcohólicos. Helen Hunt, la madre, se llama a sí misma «borracha», aunque le señalan muy bien que sería más elegante decir que es una alcohólica en recuperación. Kevin Spacey, su maestro, es uno de los pocos adultos de la película que no es alcohólico ni drogadicto, pero tiene unas notorias cicatrices de quemaduras en el rostro y en el cuello que lo han convertido en una persona un poco retraída, incapaz de abrirse a los bondadosos sentimientos de los otros personajes de « Cadena de favores».
El título se refiere a un experimento escolar pedido por Spacey, algo así como una idea para que los chicos interactúen más con el mundo que los rodea. Uno de los chicos pensó en mandar por Internet mensajes a la China para que todos los chicos chinos salten al mismo tiempo provocando que el planeta salga de su eje (algo relacionado con la película anterior de la directora Mimi Leder, el engendro apocalíptico « Impacto profundo»).
Pero al chico estelar se le ocurre algo digno de un film de Frank Capra: hacerle un favor muy especial a tres personas, para que a su vez esos tres individuos se lo devuelvan a otros tres, y así sucesivamente, haciendo que las cosas mejoren.
Mientras el chico cree que sus intentos por arreglar el mundo no le servirán para mucho más que sacar un 10 en Ciencias Sociales, un periodista de Los Angeles (Jay Mohr) ya está haciendo un artículo de investigación sobre ese «movimiento» de la cadena de favores.
Como melodrama lacrimógeno, sin dudas este producto cumple su cometido. Los que lloran en el cine, más vale que lleven sus pañuelos más absorbentes -y, por supuesto, más de uno-. Pero lo que da lástima en serio es que teniendo un guión que daba pie para equilibrar un poco las escenas sensibleras, la directora se haya dejado llevar por excesos a los que nunca había llegado ni siquiera en los momentos más telenovelísticos de sus programas de TV.
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