Sin embargo Miguel, psiquiatra con muchos años de varón domado y posfeminismo a cuestas, acostumbrado al permanente desfile de una corte de los milagros por su consultorio de hospital público, no pierde nunca la actitud comprensiva: llama por teléfono a su flamante madrastra instándola a razonar, a regresar. Inclusive, a confesarle que la sigue amando.
La apertura de su cielo, antes que una venganza que no persigue, la va a encontrar en una depiladora de barrio, Jazmina, a quien conoce tras haber sido víctima de otro tipo de estafa: Jazmina es la hermana de un paciente drogadicto que le arrebató la billetera y hasta el televisor.
Dejá tu comentario