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El cine de arte, poco a poco, se está atreviendo a arrebatarle al pornográfico el monopolio de la visibilidad, con las consecuencias estéticas y éticas que esto supone. No es sencillo para nadie: ni para el director, ni para el público, ni para el exhibidor (algunas salas se niegan a pasar estos films) y mucho menos para los actores, obligados por el guión a practicar actos sólo reservados, hasta ahora, a los esforzados intérpretes del cine marginal.
Desde luego, no se trata de aquellas simpatías surgidas durante el rodaje, que suelen llevar a decisiones consentidas y de las que la historia del cine está llena. Tanto, que muchas veces ni el equipo técnico advierte que dos actores han optado alegremente por Hubo antecedentes de sexo cuasi-explícito o directamente explícito en films de arte:
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