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19 de septiembre 2002 - 00:00

"EL DULCE RUMOR DE LA VIDA"

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Escena del film


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Sólo corresponde anotar algunas constantes: el agua, de variada presencia; el teatro, con sus ensayos y su propio mundo; los teatristas, con su oficio de fingir, el orden de sus amores, y la personalidad de sus criaturas; la verdad a través de las ficciones, y la verdad a cara descubierta. Y también las crisis de identidad, los bautismos, los regresos, los celos, los roles, y, particularmente, los ángulos de visión, algo a tener en cuenta ya que la película maneja una retórica expresionista de líneas oblicuas, que puede dejar con tortícolis a quienes pretendan ver inmediatamente derecho lo que el autor, bastante mañoso, puso deliberadamente torcido. Vale decir, hay que seguirle la corriente, como a las aguas, y tomarle el gusto.

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