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13 de septiembre 2002 - 00:00

El duro choque de un inocente con lo real

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Escena del film

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Cámara en mano -precepto ineludible de esta corriente, aunque por lo demás nadie juraría que no hay luz artificial y otros artificios prohibidos por la misma, pero agradecidos por el espectador-, el director empieza mostrando a una niñita que habla sola, mientras sus atareados padres se aprestan a vender la casa familiar para mudarse a otro sitio mejor.

Pronto se sabe que habla con un amigo invisible, que según ella vive en una de las paredes de su cuarto, y que en realidad es un hermano abortado mucho antes de que ella naciera.

Todo esto dicho por los adultos a sus invitados en una comida, con cierto arrepentimiento, como para ir adelantando el tema principal. Tras la venta y un suceso más grave, la casa es demolida y el espíritu de la pared sale a la vida convertido en un muchacho virgen de todo vestigio humano (incluso el habla), pero decidido a aprender a serlo. De eso se trata todo el resto de esta película que, como casi todas las del Dogma, expone a un inocente a todos los padecimientos posibles para desnudar la debacle de la sociedad danesa -y otras, seguramente-, con sus derivados: falta de amor, traición, perversión, abuso, hipocresía, infelicidad... Un verdadero infierno, mostrado como lo haría un niño o tal vez un sueño; quién sabe.

Nada que no sea cierto, evidentemente, pero excesivamente literal para ser una parábola. Por suerte,

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