El director del INCAA, Jorge Alvarez, abrió una investigación para determinar si es verdad, como sostuvo el cineasta Adolfo Aristarain, que en ese organismo existan facturas «truchas» y presupuestos inflados, con el fin de que los productores reembolsen dinero a través de los mecanismos de recuperación industrial y medios electrónicos. El funcionario, que ayer se encontraba en Salta asistiendo a una muestra de cine nacional, agregó que sería muy útil que el director de «Tiempo de revancha» aportara datos concretos, pero que es una lástima que no se haya apersonado en el INCAA, pese a que se lo invitó a hacerlo.
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Aristarain, en un reportaje que dio hace dos semanas al semanario «Veintitrés» (y que luego amplió en algunos programas de cable y radio) sostuvo que en el INCAA se «truchan facturas, se embolsa plata, se quedan con los miles de dólares del subsidio, no les importa nada, no intentan que el público se conecte con la película que va a ver y todo esto ha generado una producción inmensa de películas que no cuentan nada». Agregó también que «en este país es imposible hacer una película que no sea en coproducción, porque los costos no cierran.»
Ante la denuncia de Aristarain, el INCAA se ha preocupado por aclarar la transparencia del sistema de subsidios («todas las facturas pasan por la SIGEN y son debidamente monitoreadas») aunque, claro, nada se puede decir acerca de la calidad de una gran parte de las películas, que en su mayor parte (en especial, las enroladas en el llamado «nuevo cine argentino») no le interesan al público aunque sí a un minoritario sector de la crítica, como queda demostrado en la boletería. El mes próximo, Alvarez convocó a unas « jornadas de reflexión», en donde seguramente pondrá sobre el tapete un futuro perfeccionamiento en la evaluación de los proyectos presentados ante el INCAA.
El director de «Lugares comunes», en su embestida contra el INCAA, está cuestionando implícitamente la apertura del INCAA a que numerosos directores noveles puedan filmar, en lugar de concentrar los créditos en cineastas de trayectoria (como es su caso), con proyectos que de ese modo recibirían mucho más dinero y no tendrían que recurrir a la coproducción. Desde luego, esto le ha valido una reacción de una buena parte de la nueva generación que suele triunfar en festivales, pero poco -salvo excepciones- en las butacas patrias.
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