Los eficaces comediantes de «El invitado», un entretenimiento teatral
(más televisivo que cinematográfico) con su pizca de crítica y su trasfondo
ácido, estilo «La cena de los tontos».
«El invitado» (L'invité, Francia, 2007, habl. en francés). Dir.: L. Boulnik. Guión: D.Pharao, sobre su propia obra teatral. Int.: D. Auteuil, V. Lemercier, T. Lhermitte, H. Girardot, A. de Penquem.
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Son muy adecuados los comediantes de esta típica comedia francesa de boulevard, como se decía antes, y seguramente pueden ser muy adecuados Guillermo Francella y/o Fabián Gianola al frente del elenco, y Rolo Puente en el papel que aquí hace Therry Lhermitte, si algún día la adaptan para una temporada en Mar del Plata. Porque por ahí va la cosa: un pasatiempo teatral, con su pizca de crítica y su trasfondo ácido, al estilo de «La cena de los tontos». Que en este caso, por razones propias de la historia, es una cena adelantada.
En cambio, la que no adelanta es la película, hecha con un estilo muy cercano al del viejo teatro televisado. No teatro filmado, sino simplemente televisado.
Los responsables no van muchomás allá, y seguramente saben lo que hacen, a juzgar por el éxito que «El invitado» les proporcionó en Francia, un éxito enganchado al de la pieza original, que el propio autor adaptó luego para el cine. Y que mantiene una tradición de enredos, humor directo, y punzón hiriente, aplicados a burlarse de aquellos que quieren aparentar lo que no son, a riesgo de caer en el ridículo, ese estado de desgracia (no de gracia) que tanto afecta al humano en sociedad, según supo analizarlo y exponerlo el venerable Moliere. El ridículo, y la humillación. Bueno, David Pharao no es Moliere, pero se gana bien los garbanzos con esta obra suya sobre una pareja de medio pelo, que recurre a un vecino, supuesto asesor de imagen, para ganarse el favor de quien podría brindarles un trabajo de cierta importancia (al menos para ellos, que ya sufren una prolongada sequía laboral). Los comediantes hacen lo suyo, que no es nuevo ni brillante pero sigue siendo eficaz, y el público a veces lo festeja. Se pasa el rato.
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