Autor de una obra en constante valorización, el caso de
Rembrandt (arriba, uno de sus autorretratos) representa
un paradigma ideal del comportamiento del mercado del
arte en el largo plazo.
La celebración del cuarto centenario del nacimiento de Rembrandt (Leiden 15 de julio de 1606) incluye muestras, homenajes, conferencias y debates. Da pie para algo más. Reconocido tempranamente por sus contemporáneos en pleno nacimiento del capitalismo mercantilista, el caso de Rembrandt representa un paradigma ideal del comportamiento del mercado del arte en el largo plazo.
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Artista prolífico, según sus biógrafos dejó unas 600 pinturas, 1400 tintas y acuarelas y 300 grabados, de los que tiró una inmensa cantidad de copias, que fueron rápidamente disputadas por los coleccionistas de su época. En los últimos 20 años, las tarimas de las grandes casas de remate vieron aparecer 14 pinturas, 39 dibujos (tintas y acuarelas) y 4.878 grabados del artista holandés.
En 1961 Rembrandt da su primer golpe con la aparición de «Aristóteles contemplando el busto de Homero» de 1653. El Metropolitan de New York se alzó con la pieza en un valor récord hasta el momento: 2,3 millones de dólares. Cuatro años después sale a martillo una obra un tanto inferior a la anterior el «Retrato de Titus» (hijo del artista). Sin embargo el coleccionista Norton Simon -que luego formó el museo de Pasadena- pagó por ella casi la misma cifra. En 1986, Sotheby's de Londres vendió el «Retrato de una niña con capa dorada» en casi once millones de dólares y en 2000, su competidora Chris-tie's, también en Londres, obtuvo por un «Retrato de una dama de 62 años» lo que hasta ahora es el valor récord del artista: 28,6 millones.
Más asombroso aún es lo sucedido con sus tintas y acuarelas. Bocetos de pequeño tamaño se vendían con asiduidad hasta hace unos 50 años en cien o doscientas libras. A fines de la década del '60 ya hay registros de alrededor de treinta mil libras y en el año 2000, Christie s vendió el mismo día dos tintas de 14 x 18 y 13 x 22 cms. en un total de 6,2 millones de dólares.
Los grabados de Rembrandt son un capítulo aparte. Reconocido como uno de los más grandes grabadores de todas las épocas, dominaba una técnica especial sobre las planchas de cobre cuyo secreto nunca terminó de desentrañarse. De sus motivosmás populares, como «Las Tres Cruces», o «Jesús curando al enfermo» hizo sucesivas tiradas a fin de abastecer una demanda siempre creciente. Esta última obra es también conocida como «el grabado de los cien florines», por ser ése el precio que Rembrandt cobraba en vida. En 1966 un ejemplar del mismo se pagaba 73.000 dólares, pero en 1994 el martillo determinó que este grabado de tan solo 28 x 39 centímetros valía 335.000 de la misma moneda. Por su parte, un excepcional ejemplar de «Las Tres Cruces» se pagó ya en 1990 la friolera de un millón de dólares.
Esta valorización imparable de la cotización de sus obras, sea tal vez otra forma de homenaje a este magistral artista holandés.
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