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16 de octubre 2006 - 00:00

El modelo del Malba se expande en Latinoamérica

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Una de las obras de Liliana Porter que formará parte de la exposición permanente de la colección Daros en Rio de Janeiro.
La colección Daros de Suiza, dueña del mayor patrimonio de arte contemporáneo latinoamericano del mundo, se apresta para abrir un importante centro artístico en Río de Janeiro. La Casa Daros ya tiene su sede, un bello edificio de 12.000 metros cuadrados del siglo XIX, que en 2008 abrirá sus puertas en el barrio Botafogo, luego de la remodelación proyectada por el arquitecto Paulo Mendes da Rocha.

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La agresiva política cultural que, con el afán de insertar a sus artistas en el escenario internacional, los sectores públicos y privados de Brasil llevaron adelante en estos últimos años, ha dado finalmente sus frutos. Aunque en Río coquetearon con el Museo Guggenheim para abrir una sucursal de la institución estadounidense con la firma del arquitecto Jean Nouvel, la ciudad tendrá ahora un centro artístico de cuño suizo, dedicado a mostrar la excelencia de las expresiones contemporáneas latinoamericanas.

La llegada de esta colección privada de Suiza con sede en Zurich contribuirá a cambiar el rumbo del estancado mercado latinoamericano, el destino de un arte que no se valora, sencillamente, porque aún permanece oculto y no se conoce. Para comenzar, Daros cuenta con el respaldo de un patrimonio que con buen ojo y una impecable estrategia comenzó a reunir a partir del año 2000.

En la década del 90, la galerista Ruth Benzacar creyó que España era la puerta de ingreso natural del arte latinoamericano al mundo, y recomendó formar una colección a José Girao, entonces director del Museo Reina Sofía de Madrid. En el 2000 el británico Kevin Power, vicedirector de la institución, insistió en ese criterio, argumentando que costaba muy poco dinero tener obras representativas de Iberoamérica. Pero los españoles decidieron comprar Picasso, Juan Gris, Tapiés y Miró.

Sin embargo, a Latinoamérica le ha llegado su hora. Muchos aspiran a seguir el camino que abrió el Museo Blanton de Austin, Texas, y el que siguió Eduardo Costantini con el Malba, que son las mayores instituciones dedicadas al arte latinoamericano.

La venezolana Patricia Cisneros tiene un inmenso patrimonio, pero cuestiones políticas dificultan la apertura de un museo, al menos, en su país. El poderoso Museo de Bellas Artes de Houston está reuniendo aceleradamente una colección, pero la galerista argentina Orly Benzacar, observa que las adquisiciones de los texanos apuntan a las vanguardias históricas, y agrega: «Lo importante de Daros-Latinoamérica es el firme compromiso con el arte contemporáneo».

En estos años la colección Daros compró muchas obras de Guillermo Kuitca y Julio Le Parc, artistas que tienen una firme presencia en su acervo, pero también de Nicola Constantino, Fabian Marcaccio, Liliana Porter, Jorge Macchi, Enio Iommi, Gyula Kosice Marcos López, Víctor Grippo, Luis Benedit y León Ferrari.

El objetivo de los directivos del nuevo centro, según declara en «O Globo» el argentino Sebastián López, director artístico de Daros-Latinoamérica, «no es formar una colección enciclopédica, sino apostar a la excelencia de la obras», y aclara que van a incorporar artistas de «la mayor tradición hasta los que nadie compra. Todos con trabajos producidos desde 1960». Es decir, el mismo criterio que hoy aplica el Malba con su programa de adquisiciones, que en estos últimos años cambió abruptamente el perfil. A las firmas de Frida Khalo, Diego Rivera, Matta, Portinari o Tarsila do Amaral, prosiguieron las de artistas desconocidos aún en el circuito internacional como Fernanda Laguna, Sergio Avello, Beto de Volder, Leopoldo Estol, Guillermo Faivovich, Flavia Dan Rin, Leo Battistelli, Fabián Burgos y Magdalena Jitrik, entre otros.

En suma, se trata de comprar a bajo precio lo que se supone que mañana va a cotizar alto. Con estos antecedentes, resulta fácil imaginar a los suizos descubriendo no sólo la nueva colección del Malba, entre otras interesantes de Argentina, sino también la soberbia calidad del arte que se vende por monedas en el interior del país.

Con un estilo que se podría definir como ecléctico, Daros posee obras del chileno Alfredo Jaar, los brasileños Lygia Clark y Vik Muniz, las colombianas Doris Salcedo, Nadín Ospina y María Fernanda Cardoso, la cubana Tania Bruguera, los mexicanos Betsabeé Romero y Carlos Amorales, el uruguayo Luis Camnitzer, la consagrada venezolana Gego, la costarriqueña Priscila Monge, la guatemalteca Regina Galindo y el panameño Humberto Vélez.

El sitio de Daros-Latinoamérica en Internet, define textualmente el perfil. «Nuestra colección se concentra en los últimos veinte años, si bien se incorporan también obras claves de los años 60 y 70. Es nuestra idea construir -dentro de la colección- un sistema de referencias de creciente complejidad que genere múltiples modos discursivos capaces de contribuir a una mayor comprensión de lo que es el arte latinoamericano actual».

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