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24 de diciembre 2003 - 00:00

El poeta que se proclamó "principalmente, librero"

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B
«El regreso del librero establecido» es un delicioso cajón de sastre con anécdotas, chistes, aforismos, citas, poemas, cuentos y memorias, que recuerda a los «carnets» -la libretas de apuntes-de los escritores franceses. Por momentos puede leerse como admirada analectas de Borges, «el maestro que nos enseñó que un hombre puede seguir creciendo siempre, aún después de muerto» pero, para no caer en el respeto ritual, agrega luego: «Es Borges una inteligencia infinita o más bien un piola de Buenos Aires? También».

Yanover, en ésta segunda parte de sus «Memorias de un librero», no vuelve a las peripecias de vender libros en Buenos Aires, sus temas son la literatura como felicidad, el humor, la poesía de lo religioso, la muerte. Cada tanto airea con un cliente que afirma: «Ya hice todo, tuve tres hijas, planté un árbol y hasta leí un libro» o una señora que pide «El hipo rey» de Sócofles. Yanover, que murió en octubre pasado, a los 73 años, coloca como cierre, junto a un interrogante «¿Fin?»: «Sigue sin respuesta la primera línea de la primera 'Elegía del Duino' de Rilke: '¿Quién, si yo gritase, respondería desde los órdenes angélicos?». Acaso, ahora lo sabe.

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