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31 de agosto 2006 - 00:00

El sida en clave de comedia negra

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«Una comedia bareback sobre el sida» presenta como rebeldes y no como víctimas a quienes padecen la enfermedad, y sus arrebatos pueden provocar rechazo, indiferencia, piedad o risas de acuerdo con cada espectador.
«Una comedia bareback sobre el SIDA». Idea y Dir.: D. Kogan. Dramaturgia: P. Zangaro. Int.: C. Stevenot, M. Balquinta, S. Alfie, M. Papanicolau, Laura Fontenla y C. Viceconte. Dis.Ilum.: O. Possemato. (Teatro Payró.)

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A diferencia de otras obras sobre el sida esta comedia negra, dirigida por Diego Kogan y con dramaturgia de Patricia Zangaro, no pone a sus protagonistas en el lugar de víctimas, sino que los presenta como un grupo de rebeldes que asumen su enfermedad sin complejos. Sus problemas son de índole afectiva y en general exhiben una conducta sexual abierta y desafiante, al estilo «Rent» (1996), la exitosa ópera rock basada en «La Bohème» de Puccini, sólo que aquí no hay muertes.

Gracias a los avances de la ciencia el enfermo de sida ya no está condenado a una muerte segura como en otros tiempos, pero ni la más efectiva medicación logra ponerlo a salvo del prejuicio social. «Una comedia bareback...» muestra la intimidad de un grupo clandestino que planea impedir la inminente aprobación de una ley que penalizaría el contagio de sida. La situación es ficticia, pero el tema ya provocó un enorme revuelo en Francia, donde la propuesta de criminalizar la transmisión de esta enfermedad fue apoyada por dos conocidas asociaciones de homosexuales (Têtu y Act up).

Esa noticia aparece comentada en el programa de mano (impreso como un periódico), por el escritor y periodista francés Erik Rémes quien, además, no se priva de hablar pestes de sus antiguos compañeros de militancia. En cambio, la ficción ideada por Kogan insinúa un planteo político que nunca llega a definirse del todo. Se hace mención a varios diputados conocidos, pero sólo a efectos de que la trama resulte más verosímil.

Nunca queda claro cuál es la razón de ser de esta célula anárquica con perfil de familia. Tampoco se llega a entrever qué hay detrás de tanta furia y rebeldía, pero la esforzada labor del elenco logra que la obra gane en calidez y humanidad. Haciendo honor a su postura «bareback» (sin filtro, sin protección, sin profiláctico), la puesta de Kogan no adhiere a ningún discurso ideológico; su propósito es que el espectador vibre con las emociones de estos antihéroes que pueden provocar rechazo, indiferencia, piedad o risas (de acuerdo a cada espectador). El público comparte el escenario con los protagonistas (una manera de resolver simbólicamente la habitual divisoria entre sanos y enfermos) y aunque éstos se peleen a los gritos, utilicen un lenguaje procaz o hablen de sexo con demasiada crudeza, uno se termina acostumbrando a sus arrebatos eufóricos. El dinamismo con que fluye el espectáculo, su adecuada ambientación y la estupenda banda musical que articula cada escena logran compensar tanta tensión.

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