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Por la instrumentación elegida (una pequeña orquesta de cámara con piano a la que le suma el sonido «arrabalero» del bandoneón); por la postura y la actitud de los músicos; porque suena lo que antes fue escrito en detalle en la partitura; porque no queda ningún espacio para la «parrilla» (improvisación en la jerga tanguera); por su fuerte relación con el romanticismo y el post-romanticismo de la música culta, por su manera de trabajar las cuerdas, etcétera.
Esta música puesta en concierto -algo, inevitable por haberse concebido para la escenano es del todo convincente. Esa hibridez entre lo popular y lo clásico, entre la incidentalidad y la audición pura, con evocaciones estéticas que refieren a Sólo cuando el bandoneonista
Fue un acierto haber tocado sin amplificación ya que la sala del teatro Colón y la formación camarística elegida permiten de sobra escuchar de esta manera. Por último, hay que decir que el bis con
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