Se sufre, pero mucho menos, y además se sabe que todo va a terminar bien. Igual, para el público tipo americano al cual fue inicialmente dirigida es una película muy realista, porque los de Hollywood, al personaje del padre que arrastra a la familia en su pretensión de triunfar como actor, y apenas se da maña para cargar un aire acondicionado de segunda mano, al final de la película lo hubieran hecho triunfar en Broadway. Como mínimo. Y la familia se hubiera mudado a la parte linda de Manhattan. Acá están, y seguirán estando, en la parte fea. Pero contentos.
Esta no es tanto una historia de decepciones, sino de aceptaciones y adaptaciones, contada desde el recuerdo cariñoso de una mujer que evoca su infancia llena de descubrimientos inocentes y de pequeñas aventuras en la gran selva urbana, donde, por suerte, hasta los seres mas desagradables pueden volverse amistosos, y hastagenerosos. Una historia de inmigrantes en un conventillo de irlandeses (la familia protagonista), latinos varios, un haitiano con sida, etc., amén de chorros, drogadictos, travestis, y neuróticos varios, pero todos buena gente.
Estas notas de color también alejan a la película del falso realismo hollywoodense, donde todos los morochos sucios son malos. Detalle interesante, que enriquece y envuelve a otro más importante. Porque el asunto principal es otro, y tiene que ver con los peligros de uno mismo. Para el caso, el modo en que la familia, sobre todo el protagonista, procesa la muerte de uno de sus integrantes, y encara una nueva etapa en medio de confusiones e inseguridades, hasta poder disfrutar finalmente las propuestas que la vida misma ofrece, del modo más común y más admirable a la vez.
El asunto es grave, pero disfruta el tratamientocariñoso de quien está recordando la mirada inocente de su infancia, inocencia que es como un escudo, y también como un arma para salir adelante. Hay muchos clichéss en todo esto, es cierto, y muchos detalles poco verosímiles, pero también hay ciertas verdades estimulantes, como en todo buen cuento. Además, la emoción que el autor transmite parece auténtica, y la que el público siente en su butaca, es de veras auténtica.
Y encima las pequeñas de la familia, que de algún modo conducen el relato, las nenas
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