Es una obra sencilla pero no simplista, emocional pero no compleja, intensamente melódica y con lógicas exhibiciones de armonías exuberantes para el violín solista. Es de destacar que esta versión para orquesta sinfónica se debe al joven y talentoso El concierto se había iniciado con la Obertura de la opereta
Ese mismo esfuerzo y dedicación se aplicó a la Suite Sinfónica Op. 35
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