14 de marzo 2005 - 00:00

Empezó con fuerza la sección competitiva

A la izquierda, Miguel Pereira, director del Festival, y Jorge Coscia, presidente del INCAA, en la inauguración. Al lado, Federico Luppi recibe de Cristina F. de Kirchner el premio a la trayectoria. El discurso del actor abundó en diatribas contra gobiernos anteriores.
A la izquierda, Miguel Pereira, director del Festival, y Jorge Coscia, presidente del INCAA, en la inauguración. Al lado, Federico Luppi recibe de Cristina F. de Kirchner el premio a la trayectoria. El discurso del actor abundó en diatribas contra gobiernos anteriores.
Mar del Plata - El 20º Festival marplatense reinstaló la gran entrada de los años '90 al Auditorium, retirada durante el radicalismo bajo cargo de «ostentación menemista». Pero ahora la alfombra no es roja, sino azul. Y la escenografía, azul y plata, como afirmando una personalidad bajo la Cruz del Sur, buena idea que Julio Márbiz se perdió pero que hubiera aprobado con gusto.

Se recalca desde el vamos, entonces, el anunciado propósito argentino y latinoamericanista del encuentro, lo que por suerte se rubrica con buenas películas y escasas falencias. Sacando el desorden ya clásico de los dos primeros días, hasta ahora lo más flojito -y también lo único inútilmente pomposo- fue el cacareado gran homenaje al cine argentino que organizó Canal 13, una rutina con fragmentos de VHS (¿tan mal anda su canal Volver que no puede seleccionar imágenes de calidad?).

Algunas figuras anunciadas, como Mirtha Legrand, no fueron, se dice que molestas por el mal modo con que habían sido invitadas, y algo de eso debe haber, porque Isabel Sarli, que estuvo, se quejó del maltrato de la productora que debía atenderla. Sólo la simpatía y habilidad de Adrián Suar como conductor salvaron el espectáculo. Esa noche Suar casi cumple el sueño del pibe, haciendo un paso de comedia con Isabel Sarli, lástima que Cecilia Roth, coanimadora, lo echó a perder con una entrada a destiempo.

Largo el discurso de aceptación del premio a la trayectoria de Federico Luppi, que insertó abundantes diatribas contra los gobiernos anteriores, algo que a la senadora Cristina Kirchner le habrá halagado los oídos. Fue ella quien le dio a Luppi el premio a la trayectoria, y un beso. En fin, para un porteño «langa» como él, fue mejor que lo haya besado ella y no el marido.

Otra clase de homenajes, de esos que no salen por televisión pero llevan un público enorme, fue el tributado por La Mujer y el Cine en memoria de Susana Campos. A sala llena, parecía una reunión de amigos, tal era la calidez y hondura de quienes hablaban, hasta llegar a un momento muy intenso cuando una de sus hijas, Morocha, enumerando lo que aprendió de su madre, dijo, simplemente, calmadamente, «y me enseñó a morir». Algo así, solo se da fuera de los famosos tiempos tiranos de la televisión.

De Susana Campos se ven acá sus dos últimos trabajos: «Cautiva» (equidistante relato sobre la crisis de una chica adoptada, que fue bien apreciado) y, dentro de unos días, «Cómo pasan las horas», que ella hizo cuando ya estaba enferma. Ambos films van en Vitrina Argentina, sección donde este fin de semana se destacaron «Después del mar» (esperado regreso del director Adrián Caetano, ahora bajo impulso de Victoria Carreras con lo que ella define « fragmentos de una historia de amor en el fin del mundo»), y el documental «No tan nuestras», del grupo Cortalabocha, tocante reportaje a un veterano de Malvinas. Lo mejor de este registro es que el hombre, todavía joven, cuenta unas cosas impresionantes como si estuviera contando un chiste, y hasta se ríe.

Uno también se ríe, pero de espanto, con dos películas iraníes sobre niños afectados por la guerra: la excepcional
«Las tortugas pueden volar», coproducción con Irak, y «Perros callejeros», rodada en Afganistán. Para reir con más comodidad, están las sátiras norteamericanas «¡Salvados!», sobre la obsesión religiosa, y «En el país de la leche y el dinero», sobre experimentos científicos en un pueblo.

Para reir como experto en corrupciones, la comedia policial colombiana
«Perder es cuestión de método». Como chico en matiné, la japonesa «Bullet Ballet», que tiene efectivamente un ballet de balas. Como adolescente, la estudiantina chilena «Promedio rojo», donde se lucen el argentino Esteban Rojas, en el papel de un gordo memorable, y el coproductor español Santiago Segura, en breve aparición. Y para reir como un descosido, hasta las lágrimas, la española «Inconscientes», hábil, ingeniosa comedia romántico policial con un psicoanalista bien dotado, la esposa de otro, y, de remate, el propio Sigmund Freud, pero no en Viena, sino en Barcelona 1913, con destino final Buenos Aires.

La alemana
«La caída» ( polémico cine histórico sobre el nazismo), la belga «La mujer de Gilles» (drama conyugal de actriz, climas, y fotografía más que admirables), y la referida «Inconscientes», son hasta ahora lo mejor que se ha visto en competencia. Detalle curioso, algunas perversiones a las que esta comedia alude elegantemente, aparecen bien explícitas en otras películas de este festival, particularmente «The Raspberry Reich», el reino de frambuesa, vista en la nueva sección Heterodoxia.

«Hice una versión hard, producida por una empresa de cine porno, y otra soft, más a mi gusto, para festivales.Así unos sienten que están mejorando el género, y otros ven sexo en un lugar cultural. Es como una situación snob en ambas partes»,
comentó en mesa redonda, y con voz viril, el celebrado artista gay Bruce LaBruce. Soft y todo, en Gran Bretaña le cortaron 16 partes, y los actuales derechohabientes de la foto del Che quieren demandarlo porque la misma sirve de decorado a las escenas más escabrosas del film.

Del resto, hoy se inaugura el Mercado de Cine del Mercosur (la prensa tuvo ayer a la tarde una especie de visita guiada), y se rinde homenaje a los veinte años de
«Esperando la carroza». No el homenaje que se vio por televisión, sino el que organizó el festival. Para el cual están esperando que Mamá Cora tome el colectivo correcto y venga, cosa que no hizo el viernes.

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