El notorio y
hasta hace
poco
incomunicado
cineasta iraní
Jafar Panahi
(asistido de
urgencia por
traductora
local), en el
Hermitage
marplatense.
Mar del Plata (Enviado especial) - Buen día futbolero, inclusive en el cine. En el documental «Cocalero» apareció Diego Maradona junto a Evo Morales. En el documental «Pasolini, las razones de un sueño» se vio al poeta e intelectual Pier Paolo Pasolini corriendo nerviosamente por la cancha, en un desafío de su equipo contra el de Bernardo Bertolucci durante un alto de sus respectivas filmaciones ( resultado: «Novecento» 5 - «Saló» 2). Y en el hall del Hermitage, al fin, el festival pudo reunir al director iraní Jafar Panahi con una traductora de farsi, para que pudiera hablar de su comedia «Offside», sobre las mujeres que se visten de varón tratando de entrar a la cancha para ver la final con Bahrein.
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La película se presentó en la noche inaugural, y luego en otras dos salas, siempre con buena recepción, pero el autor no tenía cómo charlar con el público, ya que su inglés es limitado y su español inexistente. (Dicen que Panahi estaba rabioso porque no había recurrido al traductor oficial de la embajada, como se ha hecho otras veces), hasta que cuatro días más tarde, milagrosamente, alguien dio con Zaide, una joven y hermosa abogada marplatense nacida en Irán, que habla con gran fluidez ambas lenguas, y dispuso el domingo para ayudar al afligido.
Jafar Panahi: Es cierto, porque años atrás, cuando quise venir desde Hong-Kong al Bafici, donde iba a presentar «El círculo», me detuvieron en Nueva York. Se suponía que iba a estar de tránsito, apenas dos horas, pero cuando vieron mi pasaporte me retuvieron 16, esposado, engrillado, y con cadenas a la cintura.
P.: Algo habrá hecho.
J.P.: Solo me negué a que me tomaran las huellas dactilares como si fuera un delincuente. «Ponga los deditos y lo dejamos seguir», me decían. Al final me devolvieron a Hong-Kong. Ahora, al menos, llegué, y pude ver la recepción del público, algo que me interesaba mucho, ya que éste es un país muy futbolero.
P.: ¿Se estrenó en Iran, o allá también lo tratan mal?
J.P.: Se iba a estrenar antes del Mundial, pero poco antes, inesperadamente, la prohibieron. Ya mis tres últimas películas están prohibidas: «El círculo», sobre la represión a las mujeres, «Oro rojo», sobre las diferencias sociales cada vez más marcadas, porque en Irán estamos perdiendo la clase media, y ahora «Offside». Pero, irónicamente, se está viendo ilegalmente en todo el país, y es un éxito tremendo, gracias a los videos piratas. No sé si debo enojarme o alegrarme, ya que al menos la película se difunde, aunque yo esperaba recuperarme económicamente de las otras dos prohibiciones. Bueno, tan mal no estoy, porque ya se vendió a 35 países, incluida la Argentina, donde se dará por cable.
P.: Lo que se dice un golazo. Ahora bien, ¿las cosas son como aparecen en la película, o exagera un poquito?
J.P.: Nada. El fútbol es nuestro deporte más popular. Fíjese que tenemos solo seis canales de televisión, y uno de ellos está exclusivamente dedicado al fútbol. Y cuando juega el seleccionado, es feriado nacional. Las manifestacionesno son demasiado libres,pero si gana la selección hay manifestaciones espontáneas por todas partes, imposibles de controlar, donde las mujeres salen a festejar.
P.: Pero no pueden ir a la cancha.
J.P.: Luchan por entrar, siempre hay un grupo que hace manifestaciones en la puerta de algún estadio, y se terminan volviendo a casa. Yo creo que si les permitieran entrar, aunque sea a un sector de tribunas exclusivo para ellas, no solo sería un beneficio social y económico para los clubes, sino que también los jugadores se incentivarían de otro modo, y las hinchadas serían mejor educadas.Pero no pueden ver fútbol ni ningún otro deporte masculino. Y los hombres tampoco podemos ver partidos femeninos. El colmo es que tenemos fútbol femenino con un instructor extranjero que las conduce por celular, porque ni él puede entrar a la cancha.
P.: Suena gracioso.
J.P.: Por eso la comedia me fue apareciendo sola. Todo esto es tan injusto, que cualquier excusa que dan las autoridades para justificar esas prohibiciones resultan cómicas. Como cuando una de las chicas pregunta, en la película: «¿Por qué nosotras no podemos ir a la cancha, si vemos que en Japón las mujeres van?» «Ah, porque son japonesas».
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