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16 de abril 2009 - 20:46

«Entre los muros»

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Dura e interesante, «Entre los muros» expone sin anestesia las contradicciones de la educación pública en un suburbio parisiense de inmigrantes.
«Entre los muros» («Entre les murs», Francia, 2008, habl. en francés). Dir.: E. Cantet; Guión: L. Cantet, R. Campillo, F. Bégaudeau; Int.: F. Bégau- deau, C. Ouerfani, C. Régoulier. F. Keita, C. Nanor, W. Huang.

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Al maestro, no siempre con cariño

Desde la primera «Adiós, Mr. Chips» en adelante, pasando por «Semilla de maldad», «Al maestro con cariño», y «El profesor hippie», el cine suele mostrarnos cómo alguien con vocación logra el entusiasmo y amor de sus alumnos adolescentes, apelando a métodos amables, cancheros, y solo por excepción, para algún díscolo, un tantito de mano dura. Como decía un brasileño, «si nos llevamos bien aplico el método Piaget de enseñanza, y si no, el método Pinochet». De esos films, todo el mundo salía contento.

Expresión de la época, «Entre los muros» pinta otra cosa. No le pegan al profesor, pero lo cansan bastante, y al final siguen casi tan burros y apáticos como al principio. Eso sí, aprenden a quererlo un poco. El profesor también pasa a conocerlos y quererlos un poco, y algo aprende, porque a veces él también es medio burro para tratarlos, por más buena voluntad que tenga.

Es que lo cansan, también, la displicencia, el poco respeto, las urracas parlanchinas (futuras gordas chismosas) que saltan ofendidas por sus derechos pero viven cuestionando sus obligaciones, el fastidio de los colegas que quieren tirar la toalla o tomar la metralla, la falta de soluciones, o de energía, para ayudar al único que realmente quiere estudiar (un chino), o socializar al matoncito inteligente pero levantisco, para quien la escuela solo ve una solución, la que él mismo ha provocado en su inexperiencia de vida.

Encima, esto pasa en una secundaria de los suburbios parisienses, donde la mayoría son hijos de inmigrantes extracomunitarios, cómodos en su resentimiento que escarba la culpa de los otros (una trampa en la que también cae la película), etc. Es una obra más realista que las antedichas, y no todos van a salir tan contentos.

Eso sí, todos reconocerán en la pantalla unos conflictos de educación y diálogo generacional similares a los nuestros. Reconocerán también el esfuerzo y la dedicación de los docentes, allá tan mal preparados y pagados como acá. Dos diferencias hay, todavía, a nuestro favor: la escuela pública sigue siendo un lugar de diálogo entre chicos de distintas procedencias y clases sociales, lo que facilita una argamasa nacional, y los hijos de nuestros inmigrantes quieren estudiar (inclusive más que los locales). Según «Entre los muros», la escuela francesa es solo un ghetto, versión reducida de aquel donde los chicos viven y pasarán sus días, sin muchas aspiraciones ni posibilidades. Ese es su micromundo. Afuera no hay espacio para ellos, es como dice aquel libro del peruano Ciro Alegría: «El mundo es ancho y ajeno». También para los docentes.

Señalables, para interesados que quieran profundizar el tema, «Juegos de amor esquivo» («Lesquive»), y la más lejana «El té en el harén de Arquímedes» («Le thé au harem dArchimede», deformación que alguien hace cuando le soplan «Le theoreme dArchimede»).

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