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26 de octubre 2006 - 00:00

Espiritualidad versus mandatos de la carne

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El joven monje budista perplejo entre los mandatos del monasterio en el que se crió y las exigencias del cuerpo cuando conoce a una bella joven.
«Samsara» (India-Francia-Italia-Alemania., 2001). Dir.: P. Nalin. Guión: P. Nalin, T. Barker. Int.: S. Ku, C. Chung, N. BaVora, L. Tsering, J. Jinpa, S. Sangey, T. Tashi.

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Todos los días se aprende algo nuevo. Por ejemplo, el término budista «samsara», como denominación de lo opuesto al nirvana. Según comentarios, «es el estado de no-iluminación en el cual vivimos. La existencia mundana», se compone del verbo «sara» (ir, seguir, mover) y el prefijo «sam» (junto a, con, en total), y alude a una ronda continua de transmigraciones: nacer, morir, renacer, cambiar...

Quien anda aquí samsarisado es un joven sacerdote budista perplejo entre los mandatos del monasterio y el mandato de la carne, sobre todo cuando descubre una chica de ojos preciosos y labios carnosos, y luego completa el descubrimiento del cuello para abajo. De poco le sirven la reclusión voluntaria en una ermita solitaria, la apacible vida en los claustros, ni la visita a un viejo sacerdote ermitaño que le hace ver las cosas de una manera especial, apelando (parece increíble) a unas láminas sicalípticas. El viejo lama no habla, no necesita palabras, y la escena misma, muy buena, deja a cualquiera sin palabras. Por las dudas, para que los occidentales y el pobre muchacho entendamos, se completa con una lámina escrita.

Del resto, poco es lo que se dice, la gente es bastante callada, pero lo que se dice queda grabado. Por ejemplo, la advertencia del conductor, «no aceptes todos mis preceptos antes de poder comprenderlos desde tu propio punto de vista», o la chispa del joven buscando ciertos conocimientos, «hay cosas que debemos adquirir para poder renunciar a ellas», y, sobre todo, el modo en que la mujer cuestiona el viejo relato del príncipe Siddharta, que abandonó esposa e hijo para irse a meditar y convertirse en Buda.

Desde su punto de vista, como esposa y madre, eso más que incomprensible le resulta simplemente egoísta.

El sentimiento de los niños que se sienten abandonados, y las dificultades que el joven puede hallar en la vida laica (manejo del dinero, modernizaciones, tentaciones más cercanas, etc.) son asuntos que también entran en el relato, así como algunas escenas de sexo bastante inspiradoras. Los paisajes del Himalaya, ni hablar, son muy bonitos.

P.S.

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