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27 de marzo 2002 - 00:00

E.T. llama a casa otra vez

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Escena del film


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Y como corresponde a todo clásico infantil, la obra sigue siendo igual a sí misma. Los únicos cambios perceptibles a simple vista son una breve escena en la bañera, con algo de cómico suspenso, y el reemplazo digital del armamento policíaco: en vez de lógicos revólveres, ahora todos empuñan walkie-talkies. Otros cambios (ciertos movimientos de cámara o muñeco, un brillo, algunos segundos o alguna figura más, etc) son apenas perceptibles para ojos entrenados, ese tipo de arreglos que llevan días, y que solo interesan a algunos obsesivos. En verdad, a los chicos nunca les importó si el muñeco parecía un muñeco, o si la capa no se movía al viento, ni les importa. La imaginación de cualquier niño suple fácilmente esos detalles (¿cómo hubieran sobrevivido, sino, tantos «etés» truchos que proliferaron en los '80?).

Pero, en fin,
Dicho sea de paso, en su momento algunos pusieron el grito en el cielo, creyendo ver una profanación de la catequesis (el petiso viene del cielo, hace milagros, muere, resucita, etc), pero lo que el público general ha visto, y sigue viendo, es otra cosa: una buena fábula de entendimiento entre los seres.

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