Pedro Ochoa, «Tango y cine mundial» (Ed. del Jilguero, Bs.As., 2003, 288 pgs.) D esde un corto de Max Linder, antecesor de Carlitos Chaplin, hasta un episodio de «Los Simpson» y una película brasileña de este año, desde los registros del pecaminoso Paris de la Belle Epoque hasta las cintas de Australia, Corea, Palestina, el inefable Hollywood y la melancólica Finlandia, el autor de este libro se ha recorrido cuanto estudio, catálogo, diario de época y sitio de Internet pueda encontrarse sobre la presencia del tango en el cine extranjero, y, como corresponde, se ha visto casi todas las películas.
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Mejor todavía, analiza con inteligencia y conocimiento el cómo y porque de esa presencia en escenas antológicas de «Los cuatro jinetes del Apocalipsis», «Una Eva y dos Adanes», «El conformista», «Perfume de mujer» ( versión americana) y muchísimas otras producciones, e ilustra al lector sobre la evolución de distintas maneras de baile o de arreglo orquestal, lo que cada publico sentía según la época, y de qué modo la música rioplatense fue tomando, para la mirada extranjera, un aura de refinamiento, seducción, o liberación sexual, más que otra cosa, que hoy entusiasma a tantas turistas que vienen derecho a Barracas, por ejemplo.
Explica también de dónde salen la batería, el disparate del ballroom, y otros incordios, el aporte liberador de Astor Piazzolla a la música de cine, y, especialmente, cómo a partir de los '90 se ha ido formando (como con «La lección de tango», «Naked Tango» y «Assasination Tango», siempre mejores en la danza que en el guión) una especie de subgénero consistente en «un viaje iniciatico a un Buenos Aires antiguo y nostálgico, una tironeada aventura amorosa asociada al aprendizaje del baile, siempre dificultoso, todo enmarcado por grabaciones musicales históricas y por una iluminación primorosa y nocturna en concordancia con el silencio interior del Tango».
•Interpretaciones
El lo escribe así, con mayúsculas, porque lo respeta y lo venera. Joven académico, Pedro Ochoa brinda una investigación apasionante. Quizás el lector difiera con algunas de sus observaciones, o sus deducciones a veces demasiado entusiastas, pero, así como antes lo que un hombre sostenía con el pico, debía sostenerlo «con el cuero», lo que él dice hoy lo sostiene con los pies y con los dedos, porque también es pianista y bailarín. Un libro para aprender, y tener junto a la videocasetera.
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