15 de agosto 2008 - 00:00
Exhiben 80 admirables fotos de Oscar Pintor
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La intimidad como territorio de descubrimiento
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En las bellas fotografías del artista sanjuanino, que se exhiben
en el marco del Festival de la Luz, nada es convencional
ni artificioso.
Edward Weston dijo que "Sólo con esfuerzo se puede obligar a la cámara a mentir: básicamente es un medio honesto; de modo que el fotógrafo tiene muchas más probabilidades de acercarse a la naturaleza con espíritu inquisitivo, de comunión, que con esa petulancia impertinente de los 'artistas' engreídos". Pintor admira a Weston, por eso su fotografía es directa, creíble.
Los retratos expresan y revelan la interioridad del retratado, carecen de artificios y las escenas nocturnas no pretenden encandilar. Interiores, paredes humildes, descascaradas, un pullover colgado de un alambre de púas, un arco precario de una improvisada cancha de fútbol en la inmensidad de Angualasto (San Juan); sin duda la fotografía es un medio para tratar cosas a las que no se presta atención, allí están estas imágenes carentes de toda extravagancia pero que Pintor nos obliga a "ver". A través de su herramienta, la cámara, y parafraseando a André Kertész, Pintor da razón de todo lo que lo rodea.
Dentro del Festival de la Luz, una muestra altamente recomendable por su concepto estético y la poética de sus bellas fotos. Hasta el 30 de agosto.
"Busco contrastes de figuración y abstracción, en el tratamiento de los fondos me permito escribir lo que quiero y dibujar de una manera más expresiva, casi añiñada, lo que nace de mi inconsciente." Así se expresa Silvana Robert, artista de sólida formación en talleres como los de Cristina Santander, Alicia Scavino, Armando Sapia, entre otros.
Fondos muy elaborados, texturados, a la manera de paredes donde da rienda suelta a sus pensamientos deshilvanados pero que son parte de su biografía que, como la de todos los seres humanos, está plena de alegrías, sinsabores, conflictos existenciales, puntos finales y a otra cosa. Estos son los fragmentos más ricos de esta historia aunque el contraste lo protagonizan sus hijas que han sido siempre sus modelos. Robert las pinta queriendo apresar el aire aniñado de la adolescencia que aún conservan. Otros niños de un pueblo de Holanda donde pasa largas temporadas también protagonizan escenas bucólicas frente al mar o jugando.
La artista confiesa haber descubierto el tango. Participa de las milongas donde ha captado sus códigos y se pinta con la pasión que le llega de su música y de sus letras que también transcribe entre esos pensamientos íntimos. Robert posee un excelente oficio, quizás en el futuro se atreva a despojar a sus figuras de ese candor que las envuelve. Pero pinta sus vivencias y ellas pertenecen a un mundo sensible, idealizado, que quiere defender a capa y espada.
Colección Alvear (Av. Alvear 1658). Hasta fin de mes.




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