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11 de agosto 2006 - 00:00

Exhiben estremecedora muestra de Distéfano

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Una de las esculturas de «Kinderspelen», serie inspirada en Pieter Brueghel, artista que como Carlos Distéfano, encaraba en sus obras violentas realidades.
La palabra justa para definir la sensación del contemplador ante la obra de Juan Carlos Distéfano (1933) es conmoción.

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Sensación que persiste ante obras de diferentes períodos como «Escaleras», «El Mudo», «En un camino» accesibles al público ya que pertenecen a la colección permanente del Museo Nacional de Bellas Artes. Un artista diferente, con un lenguaje personal, un virtuoso pero que escapa al sentido que se le da a la palabra perfección ya que ésta distanciaría del verdadero contenido humanista que atraviesa toda su obra.

Cuánta energía, cuánto dolor, cuánta potencia expresiva en esos seres que desafían la ley de gravedad y la máxima tensión corporal; cuánta libertad llevada al espacio y como lo señaláramos en 1991 en ocasión de dos exposiciones simultáneas en la ex Fundación San Telmo y en la Galería Ruth Benzacar, un desafío a las teorías de la no perdurabilidad de la obra de arte.

Recordamos también la controversia concitada por «El Mudo» (1973), obra sobrecogedora que refleja el tema de la tortura durante la dictadura militar y la monumental escultura «Acción Directa», un Cristo electrocutado en una cruz formada por postes de electricidad, que integraban parte del importantísimo envío argentino al Museo de Bellas Artes de Houston para la exposición «Utopías Invertidas: las vanguardias artísticas de América Latina» (2004).

Distéfano no expone frecuentemente; su última muestra individual tuvo lugar en el Museo Nacional de Bellas Artes en 1998 y ahora lo hace en Ruth Benzacar hasta el 9 de septiembre. En su sala principal se exhibe «Portadora de la palabra» (2005/6) en poliéster reforzado y materiales varios, una imagen de una mujer parada sobre un cajón destartalado que predica con un texto religioso sobre su pecho, su vestimenta traslúcida deja ver recortes de diarios alusivos a la época del llamado proceso militar; «Por la gracia recibida», un proyecto para el Parque de la Memoria así como «Los Iluminados I y II». Este conjunto está compuesto por seis figuras arrodilladas, el rostro dado vuelta, quizás para no ver el horror, imágenes dramáticas enfatizadas por el color intenso de los torsos hasta fundirse con el de la carne que revela la tensión de la musculatura y la sangre de venas y arterias.

En el subsuelo de la galería se encuentra «Kinderspelen. En memoria de Eliana Molinelli 2003/6». Esta escultora mendocina fallecida el año pasado había convocado a importantes escultores para hacer una obra con las armas confiscadas a cambio de vales de comida con el fin de reducir el delito. Distéfano se inspiró en «Juego de Niños», una obra de Pieter Brueghel (1530-1569), artista que, como lo señalan los estudiosos de la Edad Media, percibió cómo las fuerzas de la naturaleza son mucho más poderosas que la voluntad y la razón humanas. Sus personajes reaccionan bajo el impulso de emociones primitivas y el artista, fiel a la tradición medieval, empleó sus dones en un intento por mejorar a los hombres. Quizás ésta sea una utopía que comparte Distéfano, porque toda su obra encara la realidad violenta, la que nos sobrevuela día a día, y actualmente la realidad de los niños de su barrio inmersos en la droga.

«Kinderspelen» es un conjunto de nueve piezas con tres temas cada uno, repetido tres veces en blanco, negro y gris, en poliéster reforzado con fibra de vidrio, material que comenzó a experimentar a principios de los '70. Los niños y juegos idílicos de Brueghel están llevados a esta tragedia de impredecibles consecuencias a través de formas humanas contundentes, las armas en bocas y otras partes del cuerpo, mirada feroz, de desprecio, desesperada, de una orfandad que lleva a la autodestrucción. Como es habitual en este artista, de una muestra suya no se sale de la misma manera que como se entra. Se han puesto en juego fuerzas que se oponen a la hegemonía del sin sentido, del mercado, de la sobredosis y del exceso de muestras en un terreno en el que cualquier cosa tiene status artístico y en el que, entre otras insensateces, el discurso sustituye a la obra. La escultura de Distéfano es un viaje hacia las entrañas del ser.

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