El tour, viscontiano y aristocratizante, combina dos placeres en apariencia contradictorios: el desafío técnico de su rodaje (una única toma en video digital, sin cortes de edición) con la nostalgia por su pasado opulento, esos siglos XVIII y XIX en los que el orgullo ruso jamás terminó de aceptar que no era ni sería Europa, hasta que el siglo XX le cambió las reglas del juego. Pero allí, a esa instancia, el film no se aventura: El libro opone dos voces cuyo diálogo articula el relato: un noble francés, visible, casi un remedo de
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