Lástima que los problemas del realizador ya habían empezado mucho antes, con el guión y los diálogos, la dirección de actores, y la misma credibilidad de la historia. Sin haberlas practicado nunca, cualquier espectador sospecha que las estafas bancarias, los crímenes y los chantajes se tramitan de un modo bastante distinto al que acá vemos. Quizá sea así, y al espectador le falte experiencia en esas cosas de la vida, pero las sospechas se renuevan cuando aparecen otras que sí conoce, como el momento en que un padre primerizo llega a conocer a su bebé, y que aquí parece, digamos, entre inverosímil e insípido.
Dejá tu comentario