28 de octubre 2004 - 00:00

Formidable actriz hace crecer pequeño film

Una extraordinaria Patricia Clarkson compone a una enferma terminal libre de clichés en la inteligente ópera prima de Peter Hedges «Fragmentos de Abril».
Una extraordinaria Patricia Clarkson compone a una enferma terminal libre de clichés en la inteligente ópera prima de Peter Hedges «Fragmentos de Abril».
«Fragmentos de Abril», EE.UU., 2003). Dir. y guión: P. Hedges. Int.: K. Holmes, P. Clarkson, D. Luke, A.Pill.

Peter Hedges, autor y adaptador para el cine de «¿A quién ama Gilbert Grappe?», debuta como director con este film bien independiente (en video digital, para empezar) sobre una accidentada reunión familiar de Día de Acción de Gracias, que al menos trae una explicación sí que revisionista, sobre esa festividad exclusiva de los norteamericanos.

No bien abre los ojos en la mañana de la celebración, la Abril del título se arrepiente de haber citado a su familia en su paupérrimo departamento de Manhattan para compartir el pavo y guarniciones de rigor, que ella, encima, se comprometió a preparar.

En algún barrio de clase media lejano, sus padres y hermanos emprenden la partida hacia Nueva York entre discusiones sobre la pertinencia de la travesía y del reencuentro mismo, que sólo parece entusiasmar al padre. En el camino recogen a la abuela senil y, a instancias de la madre, hacen otras paradas para atiborrarse de porquerías, ya que, como el espectador comprueba en paralelo, la anfitriona no sabe cocinar.

La impericia culinaria es el menor de los defectos de Abril, según repite la madre durante todo el viaje, amén de no poder recordar «un solo momento feliz con ella desde que nació», y anticipar una velada tan desastrosa que, de repente, se arroja a la ruta e intenta hacerse llevar de vuelta por otro automovilista en un rapto de desesperación. Y eso que todavía no vio dónde vive la hija y, sobre todo, con quién vive: un muchacho negro ocupado en esos momentos en conseguir algo decente que ponerse (y que protagoniza las situaciones más improbables de la película).

Entretanto, Abril ya descubrió que su horno no funciona y anda recorriendo el edificio a ver si alguien le presta uno con el pavo a cuestas, lo que permite conocer a su multiétnico vecindario.

Importa decir que este encuentro puede ser el último, ya que la madre padece un cáncer en su fase terminal. E importa destacar por sobre todas las cosas la extraordinaria composición que hace
Patricia Clarkson de esa mujer entre graciosa y patética, con una máscara impasible y una lengua capaz de la incorrección más devastadora, especialmente en lo que respecta a sus hijos, al sacralizado vínculo materno y a otras cuestiones por el estilo. Tras lo cual, disimula mal el terror, nunca expresado, ante la muerte.

Como corresponde, el personaje de
Clarkson concentra (e irradia) todos los conflictos de este film inteligentemente irónico, que logra emocionar en el desenlace bien resuelto por Hedges, justo donde otros se hubiesen desbarrancado al melodrama en su peor acepción.

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